Oh, dulce sofá

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Ayer decidí pasar de mi obligación autoimpuesta. Ésta consiste en escribir todos los días, pero… no me apetecía. Me tomé un día de relax, de no pensar, de no hacer nada más que tirarme en el sofá.
¡Cuánto quiero a mi sofá! Y es un amor correspondido. Sé que cuando no estoy con él me echa de menos. Sé ha amoldado a mí, bueno… a mi culo. Que alguien cambie por nosotros sin que se lo hayamos pedido significa mucho. Él me proporciona fuerzas, me reconforta y me ofrece comodidad, más de lo que hacen muchas personas.
Es mi lugar favorito del mundo, con maravillosas vistas a cualquier parte. Solo tengo que dar al botón rojo del mando para transportarme a cualquier época, lugar o fantasía y encima gratis. ¿Qué más se puede pedir?
Por eso, le agradezco cada minuto que pasa conmigo, aguantando mi peso y sin quejarse. Sin él mi trasero sería cuadrado por culpa de las dolorosas sillas.
Te quiero, amigo mullido.

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2 pensamientos en “Oh, dulce sofá

  1. Qué envidia. Mi sofa y yo debemos de estar enfados porque nuestras vidas discurren por sendas distintas. Me tendré q proponer reconciliarme com el; pues la verdad q le echo mucho de menos

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