Aventura en… Barcelona. Parte 2

20141005_191132A salvo de la tormenta nos secamos, escurrimos la ropa, la tendimos y nos metimos en la cama a eso de las ocho para al menos poder dormir tres horas.
El día siguiente fue igual de caótico o más, aunque no hubo tormenta apocalíptica. Dado a la rotunda decisión que habíamos tomado de no volver a coger el coche se nos dificultó un poco el tema.
Molidos por la lucha contra la naturaleza, el viaje y la falta de sueño, íbamos como zombis caminando por la ciudad, todos menos la novia de D, con la que habíamos quedado. La que se llevó una mala impresión de nosotros, pero no dábamos más de sí.
Poco pudimos ver antes de la comida en La Barceloneta. Una paella deliciosa, pero que tardaron en servir, haciéndonos perder un valioso tiempo. Tengo que aclarar que Barcelona no es para ver en una tarde. Corriendo de un lado para el otro, viendo la Catedral, montando en autobuses y en el metro y saliendo para ver la Sagrada Familia hacer una foto y volver, resulta estresante. El único momento de paz lo vivimos en el Centro Comercial Arenas, donde subimos y pudimos disfrutar de unas maravillosas vistas.
Nuestra intención era subir al Monte Tibidabo cuando D recibió un mensaje de su madre:
“Han robado en casa. ¿Y a que no sabes por dónde entraron?”
Mátame, camión.
Nos habíamos dejado la ventana abierta, como siempre hacemos en casa. Te levantas y abres para que se ventile. Con las prisas no nos habíamos acordado de cerrarla.
No podía estar gastándonos una broma. Su madre nunca hace bromas, sentenciaron. Creo que nunca nos hemos sentido tan culpables como en ese momento. Regresábamos para coger el tren y encontrarnos con la policía cuando por fin su madre confesó después de un largo tormento. Sí, era una broma. Y nos enseñó una buena lección. Hay que tener más cuidado en las casas ajenas.
Se nos iban a hacer las mil así que decidimos volver. Estábamos deseando pillar una cama.
El tren nos dejó en Mataró. Intentamos llamar a un taxi, pero, qué cosas, no había. No era plan llamar a la madre de D después de lo que había pasado, por lo que nos dejamos convencer para hacer autostop.
Tengo que reconocer que los catalanes son mejores personas que yo. Me encuentro a tres jóvenes andando por la carretera y lo que menos se me ocurre es parar a recogerlos. ¿Y si son unos delincuentes? Lo sé, soy mala. Sin embargo, al primero al que le levantó el dedo D, se paró. Era una mujer con su marido que hablaba en catalán con acento exagerado, pero que aún así se la entendía. Nos dejaron lo más cerca que pudieron.
Pero el tramo que quedaba era largo. Estoy segura de que recorrimos varios kilómetros. Alguien paró, pero no iban en nuestra dirección. Continuamos andando por el arcén, intentando esquivar caracoles que habían salido contentos por la humedad de la noche anterior. Fue un genocidio.
¡Bien! Ha parado, pensé después de muchos intentos fallidos, hasta que se encendieron esas luces que anuncian que es un vehículo policial.
Ya la hemos liado.
Nos alumbraron con sus linternas y nos explicaron que les habían llamado por tres personas con riesgo de atropello en esta carretera. Nos indicaron que debíamos ir alumbrando con el móvil y no hacer autostop. Les daríamos pena, pero no se ofrecieron a acercarnos…
Ya estábamos “cerca” de donde nos abandonó el taxista. Más cerca que cuando habíamos empezado. No sé cómo mis pies aguantaron. Y menos mal que no tuve que subir la cuesta (la anterior noche, río). Y de nuevo, otro buen samaritano nos rescató. Iba con su hijo a casa y vivía por ahí. Se lo agradecimos muuuucho.
De este modo termina la historia, sin ningún final apoteósico, ni muertes en el bosque. Es lo que tienen los hechos reales. Dejan bastante que desear, aunque fue un viaje agradable, a la par que express. Nos despedimos de D y su familia, pedimos perdón por el olvido y nos fuimos al hotel, donde descansamos, aunque no fue fácil en el colchón piedra que nos tocó. Al día siguiente, temprano partimos de vuelta.
Nuestras intenciones para el futuro son volver con más tiempo y poder disfrutar de verdad de lo que encierra ese lugar. Y de nuevo, disfrutar de sus gentes. Esperemos que sin aventuras.

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51 comentarios en “Aventura en… Barcelona. Parte 2

  1. Creo que la lluvia ha sido el verdadero protagonista de la historia en su comienzo y luego el cansancio lo magnifica todo, pero cuando todo acaba bien todas las anécdotas se dan por buenas y quedan para esas charlas de café que tanto gustan, me ha encantado transportarme con tus letras a tu viaje, un abrazo

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  2. Casi siento como me arrastra el río y tenéis que cogerme entre todos para no acabar cualquiera sabe dónde. Casi siento nos otra dormirse del cansancio de caminar por el arcén. He sentido que estaba con vosotros paseando por Barcelona. Consigues hacernos participes de todas tus historias. Eres magnífica (creo que este adjetivo me faltaba).
    PD. Ets molt maca.

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