Hay secretos que es mejor no saber

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Catia es mi mejor amiga desde hace tiempo. Nos conocimos a las puertas de una discoteca. Yo acababa de ver a mi ex morreándose con otra y salí para echarme un pitillo y calmarme antes de que rodaran cabezas. Ella me pidió fuego y terminé por avasallarla con mis problemas. Desde entonces quedamos de vez en cuando.
Somos muy distintas, polos opuestos, y por eso me cae bien. Es de las pocas mujeres que aguanto. Será porque es callada, retraída y misteriosa, a diferencia de mí que no tengo ningún problema en hablar por las dos. Donde he dicho que nos conocimos, mejor digo que me conoce porque apenas sé de ella. No sé a qué se dedica, ni si tiene familia, ni sus orígenes… Para compensarme de algún modo el secretismo o para apaciguar mi reciente mosqueo, me ha invitado a su casa por primera vez. Me dirijo para allá entre nervios, fantasiosa, intentando quitarme la idea de que puede ser una terrorista, una asesina a sueldo, de la mafia… hay tantas malas posibilidades. No, me digo, seguro que como mucho es una espía o un testigo protegido.
Llamo a la puerta, me devuelve una de sus medias sonrisas y me invita a pasar. El recibidor escueto me da la bienvenida. No es lo que esperaba, tampoco el pasillo. Todas las paredes están vacías, ni un triste cuadro, ni un retrato de cuando era pequeña, ni de su familia, siquiera tiene una foto conmigo. En algún momento hubo algo colgado por los clavos solitarios que siguen perforando la pared. En el salón, más de lo mismo, nada, sin adornos ni figuritas, sin recuerdos, ni libros, ni una colección de películas. De no ser porque en la mesa de enfrente del sofá hay algo de picoteo y unas cervezas se podría decir que aquí no vive nadie. No pregunto porque ya me conozco sus respuestas evasivas.
Me muestro natural, como si no tuviera miedo, como si no tuviera un plan y empiezo a hablar, instándola a beber. Esperaba que tuviera una planta donde deshacerme del alcohol para estar en plenas condiciones. No es así, por lo que casi me olvido de mi cometido, de mis ansias de saber y sigo con el cachondeo. Cuando me entra pis, me acuerdo.
– Oye, ¿el baño?
– Arriba, al fondo a la derecha –masculla de forma ininteligible.
Subo agarrada a la barandilla y riéndome en silencio por sentirme perversa. ¿Dónde ha dicho que estaba el baño, la primera puerta de la izquierda? Abro la puerta y es un dormitorio, otro dormitorio sin nada de chispa, excepto por el armario rojo que parece moverse. Ah, no, soy yo. Entre traspiés llego hasta las puertas de éste.
– Veamos cuán grande es su colección de vibradores, de armas, o si tiene gusto por la moda –creo decir.
La sangre se me hiela, el corazón se me detiene y me desmayo. Al despertar, estoy en el sofá y Catia dormida a mi lado, o haciéndoselo.
– ¡P*** chiflada!
Abre los ojos y finge no saber de qué le hablo.
– ¿Qué pasa? –me pregunta aún con la voz espesa.
– Lo he visto.
– ¿De qué hablas?
Me levanto del sofá, sin haber recuperado totalmente mi capacidad motriz y subo lo más rápido que puedo arriba, al cuarto, al armario que sigue siendo rojo. No ha sido un sueño. Abro las puertas y… ¿Me quiere hacer creer que estoy loca? Me mira desde la puerta intentando esconder una sonrisa.
– Sé lo que he visto.
– ¿Y qué has visto?
He visto a mi gato desaparecido disecado, he visto cientos de fotos mías, incluso en la ducha y en la cama con un hombre, unas bragas que había perdido, mi peluche de cuando era bebé, un maniquí con mi aspecto, pelo… La ira deja paso al miedo.
– No he visto nada. Ahora si no te importa voy a volver a casa. ¿Te has fijado en que tarde se ha hecho?
– En ese estado no deberías conducir.
Es más seguro que quedarme aquí.
– Cogeré el autobús.
Iré a la policía y la denunciaré. Después llegaré a casa, haré las maletas y marcharé lejos de aquí.
– Está bien. ¿Mañana hablamos?
– Claro.
O mejor ya nos vemos en el juicio.






En esta historia, sin quererlo, me han inspirado de alguna extraña forma Daniela, Rosa, Jorge y Daniel.
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42 comentarios en “Hay secretos que es mejor no saber

  1. Anda….. estoy intrigado. ¿En qué medida ayudé yo a la creación de este cuento? ¿Será lo cotidiano que se vuelve perverso? (me recordó a “Su sonrisa”, donde el tipo termina alcoholizado y su amigo le dice que sí mató a alguien y luego hace como que la virgen le habla. De hecho tienen similar estructura 😛 ).

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