Encuentro en el tercer kilómetro

Me encanta conducir por las noches, las carreteras vacías, la tranquilidad, la música a todo trapo…
Jai güei tu gel…
Y el Hell se presenta ante mí, con luces parpadeantes.
Ya la hemos liao.
Pienso en darme a la fuga, dar la vuelta y elegir otra carretera, pero la paranoia me puede.
Seguro que ya me han visto y verás tú como les dé por seguirme y yo en mi Citroën AX del 88 que no coge más de 100.
Otra opción es pararme en el medio del pinar, pero hace poco me contaron una historia aterradora que le pasó a un amigo, el que está en el psiquiátrico ahora, después de haber visto tantos fluidos, partes de cuerpos y semejantes atrocidades. Y es que nunca se puede saber dónde se reúnen los homosexuales para sexo esporádico y salvaje con desconocidos. A mí no creo que me traumatizaran. Él es un mierdas. Pero, mira, aprecio lo que me queda de cordura.
Me voy acercando y el tipo de verde me hace señales para que me detenga.
Que no me hagan soplar, que no me hagan soplar, que no me hagan soplar… Me he enjuagado con Listerine antes y seguro que doy positivo.
El tipo se acerca a la ventanilla.
Vale, lo reconozco, no era Listerine y quizá he bebido más de la cuenta, pero no tanto como ver lo que estoy viendo. Tal vez sea yo el que necesita estar en el psiquiátrico.
El tipo no es que vaya vestido de verde, es que es ¡verde!
Mejor hago como si nada. Seguro que pronto se me pasa. Seguro que la barrita energética estaba caducada y estoy teniendo una intoxicación leve, o debí mirar las contraindicaciones: No ingerir con alcohol.
– Buenas noches, señor agente –digo mientras bajo la ventanilla e intento no mirar esos ojos enormes como huevos de avestruz y negros.
– Xtsss.
– Jesús.
Es curioso que estornude si no tiene nariz.
– Xtss ssstp ps.
– Qué mala es la primavera para las alergias, ¿eh?
Me señala su nave con uno de sus tres dedos. Espera, ¿nave? ¿No es un coche?
Ay, mi madre, que no estoy alucinando, que los aliens ya han llegado para exterminarnos.
El tipo del otro mundo me espera pacientemente a las puertas del O.V.N.I.
¿Y si me largo? No, seguro que tienen pistolas láser capaces de desintegrar a larga distancia.
Me bajo del coche y el E.T me sonríe con esos dientes afilados que seguro que desgarran carne con facilidad.
¿Me irán a comer? ¿Harán experimentos conmigo? ¿Me sondarán? ¿Me llevarán a su planeta para mostrarme detrás de un cristal?
Me agarra del hombro como si fuéramos amigos de toda la vida y subimos por la rampa que lleva al interior del platillo.
Dentro, a parte de una maquinaria que parece estar viva, hay cuatro verdosos más de distintos tamaños, pero aparentemente iguales. Tres cosas de esas de medio metro se enredan con sus largos brazos a mis piernas.
– Sssp tpx –ruge el que me acompañaba y estos me sueltan antes de que trate de librarme de ellos a patadas.
Hablan con ese idioma medio serpiente. Puede que discutan. No sabría decir. Me señalan.
Por favor que no estén discutiendo porque parte se comen cada uno.
El que sonríe rebusca en un cajón y me entrega algo parecido a un chip, pero que se mueve.
¿Un insecto de su planeta? Ay, qué ilusión. Aaaaaau, jod**, no, qué asco, sal, sal, sal, duele.
Lo que fuera eso desaparece en el interior de mi piel y siento como sube por el brazo. Me desmayo.
Al recobrar la consciencia deseo haber tenido un accidente, que toda haya sido un sueño producto del coma, pero no, sigo en la puñetera nave extraterreste.
– ¿Estás bien? –me pregunta uno de los seres pequeños.
¿Les entiendo? ¿Por qué les entiendo?
– ¿Qué me habéis hecho?
– Lo siento. Era la única forma de que nos pudiéramos entender –me responde el sonriente.
– ¿Entendernos? Con su falta de inteligencia, no nos va a servir de nada –dice el otro alto.
– Fue idea tuya. Vayamos por aquí, decías. Es un atajo, decías. Siempre nos perdemos. Así que ahora cállate, por favor. –Vuelve a sonreír y me mira a mí–. Disculpa a mi esposo. ¿Podrías decirme dónde nos encontramos?
– En la Tierra –balbuceo.
– ¡Ves! Te lo dije –interrumpe el marido–. No nos hemos perdido.
– Mamá, ¿podemos quedárnoslo? –interroga el pequeño que juguetea con mi pelo.
– No, esta criatura nos ha sido de gran ayuda –dice la madre con toda la paciencia del mundo.
– Ayuda… A cualquier cosa le llaman ayuda. Pues, ¡hala! Devuelve al bichejo a de donde ha salido y vámonos –ruge el padre.
– Disculpa a mi esposo de nuevo. Ha sido un placer tratar contigo. Toma, mi teléfono. Si algún día pasas por Sxpxtxxx y no tienes dónde quedarte, danos un toque, ¿vale?
Me acompaña hasta la salida. Me da dos besos y se despide con la mano. La nave despega y en pocos segundos desaparece en el cielo.
Tal vez no me hubiera importado ser la mascota.alien-226244_1280

Anuncios

39 comentarios en “Encuentro en el tercer kilómetro

  1. Si descubres algun planeta, donde no haya que vivir para trabajar, competir para crearse un pequeño puesto en la sociedad, donde no impotente lo que se tienen, si no, lo que se es……y. merezca la pena, ya me dirás la dirección.
    Hago la maleta y me translado,

    Me gusta

Piensa conmigo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s