Empezar de 0

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Nos decidimos a vivir juntos, mi novia, Woody y yo. Estábamos felices, bueno, los dos, Woody me odiaba. Miranda decía que pronto se acostumbraría a mí y dejaría de arañarme, que solo era un gatito tímido y protector, pero yo sabía que no era cierto. Su mirada amenazante clavada en mí a cada segundo como esperando el momento propicio para saltar y sacarme los ojos con sus uñas afiladas, me aseguraba que el mal vivía dentro de esa linda y suave bola de pelo.
Pensé en deshacerme de él sin mancharme las manos. Todos los días dejaba la ventana abierta con esperanza de que se fuera y no encontrara el camino de vuelta. Puse un anuncio: “Se regala gato cariñoso”. No era del todo mentira. Con Miranda lo era. ¿Por qué no habría de serlo con sus nuevos dueños? Nadie me llamó, nunca se escapó y cuando lo metí en un saco y lo solté en un parque, volvió. Me tendría que acostumbrar a despertarme cada día con un nuevo arañazo en la espalda.
Una mañana al sonar el despertador y estirarme no sentí el dolor en mi fustigado cuerpo. Fue agradable. Me restregué con las sábanas disfrutando de ello y un sonido extraño salió de mí. Rrrrrrr… Rrrrrr… Rrrrr… Me asusté. Mi corazón parecía que estuviera a punto de explotar. Cuando Miranda dio la luz y me miré a mí mismo, pensé que había muerto, pero mi cuerpo se movía, abrió los ojos, me sonrió y de un manotazo me tiró al suelo. Por suerte caí a cuatro patas.
¿Cómo fue posible? ¿Cómo un gato pudo poseer el cuerpo de un hombre? Pues porque era el demonio, seguro, pensé.
– Hola cielo –le dijo con mi voz a Miranda dándole un beso en la boca.
Hijo de gata.
Sufrí un ataque de ira, sentí como mi pelo se erizaba y puse a prueba mis nuevas extremidades. Era bastante ágil. Le mordí la nariz, mi nariz, pero lo único que conseguí fue poner a Miranda en mi contra, que me riñera antes de irse a trabajar y que Woody se ofreciera a acompañarla.
¿Cómo iba a explicarle lo que estaba pasando? ¿Qué podía hacer para recuperar mi cuerpo? ¿Cómo impedir que ese gato baboso le pusiera las zarpas encima?
No sé, me distraje con una mosca a la que cacé y luego me comí. Me di bastante asco, pero fue divertido.
Me tumbé al sol a pensar en cómo solucionarlo, pero el cerebro de un gato no da para tanto. Todo me distraía, el olor repugnante y delicioso de la pescadería que había más abajo, cualquier sonido, los pájaros, mi brillante y suculento pelo, mi elasticidad… Pensé en mearme en su ropa, como tantas veces él había hecho conmigo, pero era mi ropa. No fue un día para nada fructífero en lo que a la reconquista de mi anterior cuerpo se refiere.
Woody y Miranda llegaron tarde esa noche. Por lo que pude escuchar estuvieron de cena romántica y olían a alcohol. Se metieron en la cama y a mí me dejaron fuera. Pasó lo que temía que pasara. Miranda no se había percatado de que yo no era yo. De hecho parecía que la zoofilia le fuera más que hacerlo conmigo. Me estaba poniendo los cuernos y yo estaba al otro lado de la puerta para escucharlo. Intenté pararlo arañando, gruñendo y maullando todo lo alto que me permitían mis cuerdas vocales o lo que tengan los gatos. Fue doloroso admitir que había perdido. Dije “miau” (adiós) y marché por los tejados.
La vida de un gato callejero no era tan buena como imaginaba. El frío de las noches, el hambre, los otros gatos, los restaurantes chinos, los perros… Había peligros en todas partes, pero hacían que pudiera olvidarme de mi pasado.
En época de celo conocí a una gata preciosa, que a diferencia de mí disfrutaba del placer doméstico. No pasó nada entre nosotros. Era lo malo de estar castrado, lo bueno era que no me metía en peleas. Cloe era muy sabia, ya tenía siete años. Cuando le hablé de lo que me había pasado, que yo era un humano, me creyó. Antes vivía con una bruja. Quiso ayudarme a vengarme, pero a mí me valía con tener un techo bajo el que dormir. Cloe me presentó a su dueña, que, miau, estaba muy buena y por suerte quiso adoptarme. Por fin tenía lo que siempre había querido. Fui feliz, más cuando un día fui al veterinario y me vi, vi a Woody, a mi cuerpo sentado en la acera pidiendo dinero.

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40 pensamientos en “Empezar de 0

  1. Jajajaja, eres tremenda, que te habrá echo ese ser, pareja o expareja para que le trates así y la venganza final es exquisita de una mente muy malvada o muy mal aconsejada. Jajaaja me he reído un rato con tan exquisito relato. XD XD

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