Infancia infernal

Untitled design(41)Anoche soñé que volvía a ser una niña. Para la mayoría puede ser un buen sueño, sin responsabilidades, inocencia y diversión, para mí fue una auténtica pesadilla. Me miraba al espejo con el ojo que tenía libre, pues en el otro había un parche por tener un ojo vago, y éste me devolvía un imagen espeluznante, el pelo cortado a cazuela, a tazón o como quieran llamarlo. Esa era la intención, pero con un pelo rebelde como el mío, bien parecía que siempre hubiera salido de un vendaval, o que tuviera complejo de payaso. Recuerdo que me decían:
– ¡Qué pelo más bonito tienes!
Y yo, como era una niña y todavía no conocía el sarcasmo, me lo creía.
Las vestimentas no eran mucho mejores. Esos vaqueros a lo Julián Muñoz, hasta los sobacos, esos chándales que hacían daño a la vista con su horrendos colores, esos jerséis que picaban aun después de habértelos quitado, las camisas interiores a juego con las bragas y que mi abuela tendía al sol para que no perdieran blancor…
A partir de los tres años dejé de ser una nenita adorable para convertirme en un marimacho, no en la actitud, aunque no me gustaran los vestidos. Por aquella época las fábricas de ropa unisex estaban en auge.
Como si mi aspecto indefinido no fuera suficiente, tampoco tenía aptitudes para nada, desastrosa en cualquier asignatura y peor todavía con el deporte. ¿Saben de esos niños que siempre quedaban solos cuando se les mandaba poner por parejas y les tocaba con el profesor, o cuando se hacían los equipos, se elegía y había uno que se quedaba el último? Ajá, la menda. La crueldad infantil me hizo vaga. Si se daba la elección de jugar a un deporte, yo elegía bádminton y me quedaba con los otros niños gordos o raros de los que todos se burlaban.
– Henar va al pinar a cagar.
Es lo malo de tener un nombre que rime con un gran número de verbos.
¿Cómo salí de la pesadilla? Mi novio me agitó y dejé de gritar. De la real no fue tan sencillo, cosa del tiempo. Fui de las primeras en dar el estirón, que por cierto, fue muy satisfactorio ser de las más altas por una corta temporada, empecé a comprarme la ropa, desarrollé la personalidad y con ella otras cualidades y atributos, y ¡voilà! Se puede decir que no quedé tan mal.

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58 comentarios en “Infancia infernal

  1. Y es que la infancia es muy dura… pero mucho!!!! y más si eres de los patitos feos o de las zopolas que no saltas el potro ni aunque te entrenases mil millones de años…. yo todavía guardo trauma de cuando había que ponerse por equipos o por parejas…. lo odiaba, lo odio y lo odiaré toda mi vida, con lo bien que se hacen las cosas sola

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  2. Sí, siempre digo que la gente con infancias felices se vuelve insulsa de grande. Nada como una infancia terrible para desarrollar una personalidad peculiar. Tú pareces comprobar la teoría.
    Por cierto, mi infancia fue espeluznantemente similar. Hasta tenía el pelo feo y el look de marimacho infantil y todo eso.

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  3. Pingback: Quinto mes | Pensando en la oscuridad

  4. Por un momento creo estar leyendo un relato autobiográfico, hasta que me dio cuenta de que mi nombre no es Henar. Paradojas de la vida, seguro que aquéllos que te mandaban a cagar ahora te querían besar. Y no, no has quedado nada mal

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  5. Pues en parte, puede que en la infancia haya parte de todo lo quieres relatas.
    Pero yo me quedo, con mi recuerdo, feliz, divertido, sin problemas ( eso se los dejaba a los adultos).
    Recuerdo mi infancia con un cierto aire nostálgico, fueron tiempos bonitos. Aunque reconozco, que también había sus cosillas, pero leves.
    Aun en mi interior, creo que conservo, en algún rinconcito, parte de esa inocencia. ….

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    • Me esfuerzo, lo intento, cierro los ojos, no, no, que no, no puedo ver.
      en mi mente no hay lugar para imaginar a esa henar niña, que tu describes.
      no entra en mi perfil, viendo a la chica que ahora conozco.

      quizás aquella etapa, si de verdad, es como la sientes, te fortaleció mucho, y ha transformado , al igual que la oruga, en una bella mariposa.

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