Incuestionable

A través de las oscuras gafas de sol que lleva no puedo distinguir si:
a) me está mirando el escote.
b) se ha dormido.
c) está muerto.
d) espera a que yo inicie la conversación.
– La verdad es que no sé muy bien porque me han traído aquí, pero estoy encantada de poder ayudarles.
– ¿Encantada? Parece algo nerviosa.
Buena cuestión. ¿Cuál sería la respuesta más correcta?
a) ¿Nerviosa? No hay motivos para estarlo. Estoy tranquila.
b) Lo siento. Me he tomado esta mañana tres cafés.
c) Mis nervios se deben al desconocimiento de los hechos.
d) Puede que esté algo nerviosa, pero es por tener a un hombre como usted delante.
La última opción la descarto porque sigo sin saber si me ha mirado el escote y puede quedar un poco forzado, así que opto por la penúltima.
– ¿Ha oído hablar del robo que hubo en el museo hace tres días?
– Claro. Sale en todas las noticias. Dos enmascarados entraron por la noche, destrozaron obras valiosísimas, mataron a un guardia de seguridad y solo se llevaron un brazalete antiguo. ¿Cree que yo tengo algo que ver?
– Dígamelo usted.
– No, no tuve nada que ver.
– ¿Seguro?
– Segurísimo.
– Tenemos una grabación en la que se la ve a usted la tarde del atraco en ese museo.
Las dudas me asaltan. ¿Qué le digo? No quiero que me crea culpable.
a) Aunque no lo parezca, me gusta alimentar la mente.
b) No creo que eso lo consideren prueba suficiente. Es pura casualidad.
c) Me declaro culpable. (Risas)
d) Quiero un abogado.
Últimamente ando escasa de ideas. Me quedo con la A antes de que parezca que llevo demasiado tiempo sin responder.
– ¿Y puede decirme si vio algo sospechoso? –pregunta de nuevo.
– No, la verdad es que no.
– Es curioso porque hemos preguntado a otros visitantes y todos dijeron que su acompañante y usted llamaron bastante la atención.
– Y sabrá que el motivo es porque la gente no soporta las muestras de cariño en público. No puede culparme porque la cultura sea excitante.
– ¿Le cuento lo que creo que ocurrió? –me pregunta y tengo que asentir–. El guardia de seguridad, el que ahora está muerto, les sorprendió en el baño. No les gustó que los interrumpieran y decidieron volver por la noche para darle un susto, pero se les fue de las manos y quisieron cubrirlo haciendo que pareciera un robo. Su pareja quiso confesar y usted lo mató.
– ¿Qué ha dicho?
– Que usted lo mató.
– ¿A quién?
Me estoy perdiendo.
– A su cómplice y amante.
– Perdone. ¿Me está diciendo que Roni está muerto?
– Lo hemos encontrado en su casa esta mañana con un tiro en el pecho.
No, no puede ser. Ayer estuve con él y lo dejé muy vivo, pero si no lo he matado yo… ¿¡Quien!?
a) El vigilante ha regresado de entre los muertos en busca de venganza.
Señor vigilante le prometo que no quería matarlo. Fue un accidente. Yo solo lo empujé y con tan mala suerte usted se esnucó contra un sarcófago. Lo siento mucho. De verdad que yo creía que solo estaba inconsciente. De haberlo sabido seguro que hubiera llamado a una ambulancia.
Ahora que me he disculpado y he calmado mis nervios pensando tonterías, he de considerar alternativas más razonables.
b) El Ratón, su camello, harto de que no le pagara su deuda, decidió cobrarse esta vez con algo más que con dientes.
Lo cual a mí no me afecta y me gustaría creer que es lo que ha ocurrido, pero es que sé que en el fondo el Ratón quiere/quería a Roni, y como mucho le partiría un brazo, que ya lo hizo.
Ahora que lo pienso…
c) ¡Mi ex! Uf, él sí sería capaz. ¿Y si me ha encontrado? Se ha enterado de que salía con otro y… No. Hay algo que no me cuadra porque él le habría dado una paliza a muerte o algún navajazo, pero ¿un disparo? No creo que se haya vuelto tan remilgado. ¿Y no me dijeron acaso el otro día que lo habían pillado? Voy a esperar que sí.
d) El hombre que nos contrató, no queda otra. Siempre tiene que ser la peor de las opciones. Significa que ya me puedo ir olvidando del dinero que nos iba a dar por el brazalete y de mi vida, porque, evidentemente, desde el principio su plan ha sido matarnos para borrar todas las pruebas que lo unieran al atraco. Mira que se lo dije a Roni, pero, no, él es que era tonto. Perdón. No se debe pensar mal de los muertos.
Ahora tengo que meditar cómo salir de ésta.
a) Confieso el atraco, confío en que no sean duros con la condena y me aseguro unos años de vida a salvo en la cárcel.
b) Cojo el brazalete y el poco dinero que tengo, y lo gasto en un billete de avión al lugar más lejano que me alcance.
c) Escondo el brazalete, cojo el poco dinero que tengo y le compro una pistola al Ratón.
d) Me vuelvo a casa de mis padres y rezo para que no me encuentre. Luego ya vendo si eso el brazalete.
– ¿Está bien? –me interrumpe el Agente Castro sin darme tiempo a elegir.
– Lo siento. No logro asimilar que Roni esté muerto. Sabía que estaba metido en cosas turbias, pero…
– ¿Cosas turbias?
– Verá… No llevábamos mucho tiempo saliendo, el suficiente para enterarme de que movía drogas. A veces lo llamaban en medio de la noche y se ausentaba durante un par de días. Me decía que iba a ver a su familia a Cádiz. A ver, que no soy tonta. Un día descubrí una enorme bolsa de coca debajo del asiento de su coche.
– ¿Y no llamó a las autoridades?
– No quiero meterme en líos –contesto con la voz más inocente que tengo entre mi repertorio.
Parece que logro llamar su atención. Anota lo que acabo de decirle en una libreta que hasta ahora había estado aparcada a un lado de la mesa.
– ¿Y tiene una idea de quién podría ser el que le llamaba?
Me detengo a pensar, pero no tengo cuatro opciones. No puedo inculpar al Ratón. Ya estará bastante triste y el pobre bastante que le daba trabajo a Roni. ¡Lo tengo!
– El otro día estábamos en su casa y apareció un hombre. Me llamó la atención porque Roni no solía rodearse de tan elegantes compañías. Espere… Me lo presentó. Se llamaba… ¿Jaime? No, no, Jacinto, Jacinto Carrance.
– Descríbamelo, por favor.
– Tenía entre sesenta y sesenta y cinco años. Un hombre alto, de metro ochenta y pico, algo robusto, con el pelo castaño ya tirando a gris. Tenía una arruga muy pronunciada en la frente, que remarcaba su semblante serio, aun cuando sonreía.
– ¿Recuerda algo más?
– No… ¡Sí! Llevaba un anillo de oro en el dedo corazón, como un sello. Siento no ser de más ayuda.
Para variar me recreo en lo buena que soy improvisando, pero por dentro, por fuera sigo pareciendo triste por la muerte de Roni.
El Agente Castro termina de plasmar la gran obra de arte que acabo de narrar y se excusa para salir un momento de la sala con espejo. Supongo que a cotejar lo que le he dicho. Verá que es cierto. Entrará por esa puerta en dos minutos diciendo que Don Carrance en un conocido criminal, se creará su propia versión de los hechos, donde Roni queda como un pobre ladrón que no sabía dónde se metía. Quizá ayude a que lo apresen y si no lo hacen, como suele pasar, conseguiré que lo vigilen durante un tiempo. El tiempo en el que me entrenaré, aprenderé a disparar y me tomaré la justicia por mi mano, porque, Roni, aunque no te quisiera, puedo ser tan vengativa como el vigilante muerto viviente. Vaya, pues sí que soy buena improvisando. Tal vez me haga actriz después de convertirme en asesina.
– Puede marcharse, señorita.

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16 comentarios en “Incuestionable

  1. Me disgusta, hablar con gente que lleva las gafas de sol puestas.
    M unca sabes donde mira, y oculta mucha información. Sabes que los ojos y las manos hablan por si solas. Dicen muchas cosas.
    Las gafas, nos hacen de barrera con el mundo exterior, haciendo pasar a primer plano, el lenguaje verbal.

    Tocando otro tema el dibujo del final del relato, resume todo tu relato, y me atrevería a decir, que incluso la vida.
    Depende del camino que elijas, puedes cambiar, tu vida y la de los demás. Más tu, que eres rapida en valorar .
    Yo me callo, si compartes conmigo, ese botín.

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    • Me entra una duda: ¿Y no te gusta ser la que lleva las gafas puestas, esconderte en ellas en ocasiones?

      Las decisiones son las que nos traen hasta donde estamos, para bien o para mal. Lo difícil es ser consecuente.
      Y siendo consecuente te diré que no pienso darte nada por tu silencio.

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    • Por supuesto, es muy cómodo a veces ocultar tu mirada.soy humana.aunque lo hago .

      Fíjate, en cuanto al segundo tema, aun sin gafas de sol puestas. …….. intuia tu respuesta. Llámalo sexto sentido.

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