Cuéntame un cuento

Vas por la carretera con el coche. Has querido salir de madrugada para no encontrarte con la caravana habitual y esperando que así los niños fueran dormidos durante el viaje, pero no, van dándose voces detrás, discutiendo acerca de quién de sus dos muñecos es más poderoso. Tú crees que gana el Transformer contra la Barbie, pero no lo dices y pides silencio. Por culpa de los niños, del GPS o quizás solo tuya, aunque no lo reconoces, acabas en una carretera mal asfaltada, que cruza un pinar y por la que no pasan ni los satélites.

A lo lejos puedes ver la silueta de un hombre, parece que haciendo autostop. Rara vez has recogido a alguien para acercarlo a su destino, todavía menos si es por la noche, llevas a los niños y el coche va hasta arriba cargado de trastos, pero algo te impulsa a ir bajando la velocidad hasta detenerte al lado de aquel sujeto vestido con ropas de colores. Los niños callan de pronto al verlo y sientes paz.

– ¿Qué haces? ¿Es un payaso? –te pregunta el niño que to’ lo quie saber.

– Buenas noches –saludas a través de la ventanilla al que un poco pinta de payaso sí tiene, aunque parece que sin intención–. ¿Podemos ayudarle?

– Sospecho que están tan perdidos como yo. Quizá podamos ayudarnos mutuamente –dice con una enorme sonrisa en la cara y con una voz digna de locutor de radio.

Asientes y el hombre monta a tu lado. Vas a ponerte en marcha cuando te ofrece su mano. Es muy educado.

– Mi nombre es Marvin, si es que importa. Todos me llaman Cucu.

– ¿Cucu? –pregunta tu hija que hasta ahora se mostraba cautelosa–. ¿Y dónde está Tras?

Los dos granujas ríen por la gran ocurrencia que acaba de tener y a ti se te escapa un pequeña sonrisa.

– Ellos son Nícolas y Adriana. Discúlpalos. Deberían estar dormidos –anuncias con fingido enfado.

– A mí todos me llaman Princesa Rihanna –interrumpe de nuevo la que está graciosilla.

– Qué gran honor estar ante alguien de la realeza. Si pudiera, me arrodillaría ante vos.

En ese punto, reanudas la marcha sabiendo que el riesgo que corres al llevar a un desconocido merece la pena con tal de que la atención del par de hiperactivos no vaya a ir dirigida a ti.

Recorres varios kilómetros hasta que por fin encuentras una salida de la carretera infernal llena de baches, en lo que escuchas como con descaro le cuentan a Marvin su vida, la tuya y la de sus muñecos, hasta que la mente curiosa de Nícolas se pone en marcha y le hace la pregunta que tú llevas pensando un rato:

– ¿Por qué te llaman Cucu?

– Es un apodo.

– ¿De dónde viene?

– De Cuentacuentos.

– ¿Cuentas cuentos?

– ¿Qué te he dicho de que entrevistes a la gente?

Te encanta que lo haga, pero temes que tu distracción huya.

– No importa –asegura la distracción antes de volver a girar la cabeza para mirarlos–. Sí, Nícolas, me gano la vida contando historias.

– ¿Te sabes alguna de ogros?

– No, yo quiero una de princesas.

– Las princesas son aburridas.

La parte de atrás vuelve a convertirse en un ring de boxeo, suspiras y te preparas para subir el volumen de tu voz al nivel de decibelios que alcanzan ellos. Antes de que ocurra, Marvin empieza a narrar:

– Había una vez, hace tantos años que ni multiplicando vuestra edad por mil podríamos llegar a alcanzarlo, a tanta distancia como de aquí a la estrella que menos brilla…

La profunda y dulce voz logra calmar a las fieras y a ti, que casi te vuelves a pasar la entrada a la autopista al verte en aquel mundo donde la princesa Rihanna y el ogro Nícolas se unen para derrotar al malvado gemelo del Rey Orco.

– Se han dormido –anuncia Marvin después del final emotivo y en el que casi se te salta una lagrimita.

– Gracias –respondes sabiendo que no es suficiente forma de agradecérselo.

– No, de no ser por vosotros, seguiría en esa carretera, si es que se le puede llamar así. Soy yo el que debe mostrarse agradecido.

Impondrías tu postura diciendo que si alguien debe dar las gracias, eres tú, pero lo aceptas y guardas silencio, viendo como a cada señal estáis más cerca de allí a donde vas, y aunque te alegra poder volver a usar las piernas, te entristece separarte del peculiar de Marvin.

– Marvin, quizás estás harto de contar historias, pero ¿podrías contarme una última? –te atreves a decir a falta de muy pocos kilómetros.

– Llámame Cucu y no me importa. Me encanta contar historias. Pareces de las personas que disfrutan del género de terror, ¿cierto?

– Estaba pensando más bien en tu historia.

En el segundo que desvías tu mirada del coche que hay delante, logras ver sus ojos abiertos por la sorpresa.

– ¿Mi historia?

– Sí, Nícolas heredó la curiosidad de mí. Me gustaría saber cómo pudiste convertirte en lo que eres hoy, cómo es tu vida…

– Nunca nadie se había interesado. Lo cierto es que mi vida son las historias. Soy lo que soy gracias a ellas. Soy ellas. Ellas me acompañan desde que nací. Son mi don. Son donde vivo, aunque a veces me dejo ver por este mundo. Son lo que siento. Son lo único que conozco…

A cada frase sientes más lástima por Marvin. No tiene una vida más allá de su mente. No es nada, ni nadie. No tiene a nadie. Cuando dice que te detengas, estás al borde de decirle que se vaya contigo, que puede hacer de niñera, que le pagarás hasta que consiga un trabajo de verdad.

– Adiós, Cucu –dice Adriana que parece que ha despertado.

– Adiós –añade Nícolas.

– Ha sido un placer. Portaos bien, ¿de acuerdo?

Sale del coche y ofrece un reverencia que hace reír a la princesa.

Te alejas mientras ves por el retrovisor como los niños se despiden de él con las manos, hasta que desaparece en el horizonte.

– De mayor quiero ser como Cucu –sentencia Nícolas.

– Cariño, tú puedes ser mejor. Él solo es… un fracasado.

– No has entendido su historia, ¿verdad?

– No, no ha entendido nada –contesta Adriana por ti.

– Cucu no es de aquí –te explica exagerando paciencia–. Él es un viajero entre los mundos de fantasía. Él vive las aventuras que nosotros imaginamos. Los fracasados somos nosotros que lo único que conocemos es esto y como mucho podemos escuchar sus vivencias. Debemos estar agradecidos de haberlo encontrado.

Nícolas no acostumbra a mostrar tanta seguridad y su hermana, para variar, le da la razón asintiendo efusívamente. Te hacen extrañar esa inocencia que un día tú también poseiste. Recuerdas cuando imaginabas reinos de nubes azules y cielos malvas, con palacios, bosques encantados y sitios a los que te llevaba aquel hombre que de vez en cuando aparecía en verano y contaba cuentos a todos los niños del pueblo en torno a una hoguera. Te estremeces. Ahora que lo piensas se parecía bastante a Marvin.

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22 comentarios en “Cuéntame un cuento

  1. Marvin es todo aquel que no teme ni mirar dentro ni mirar afuera,
    todo aquel que se comprometa de verdad con los demás y con uno mismo,
    que toca su música propia,
    que no teme soñar, ni volar, ni caer,
    Marvin es todo aquel que continua creyendo a pesar de todo
    y que no ha perdido su sed de Amor.

    Gracias Henar por tu relato.

    Pdta: Me parece fatal que no nos haya aportado más información acerca de como van las pesquisas acerca del ladrón de dedos corazones. Por aquí ayer había bastante preocupación. Espero que lo subsanes Henar.

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    • Si Marvil o todo aquel leyera esto, se emocionaría. Gracias a ti, siempre por tus buenas y bonitas palabras.

      P.D. También gracias por interesarte en el caso. Más gente preocupada como tú es lo que hace falta… o no, que no queremos que el pánico lleve al caos, como en los comentarios.

      Le gusta a 1 persona

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