Una noche antes

El sol luce en el cielo con un brillo intensificado ese día o así le parece a Víctor, que se ha despertado de buen humor y sin ayuda. Algo bastante raro en él, que adora dormir hasta el mediodía, pero tiene explicación: Víctor es un enamorado de la fecha que se acerca, la noche de los muertos.
– El día de todos los Santos –le corrige su madre–. Y vendrás conmigo a la misa.
Esa es la parte que odiaba Víctor. ¿Santos y misas, qué tienen que ver con aquella noche de terror que en tantas películas americanas ha visto?
– Que digo yo, hijo, ¿no crees que ya eres un poco mayor para salir por ahí disfrazado?
Víctor sonríe ante la idea del disfraz y del susto que se dará al verlo salir de su habitación. Este año se han esmerado como ningún otro. Nadie se atreverá a pasar cerca de ellos.
Ellos son cinco amigos, contando a Víctor, que disfrutan una vez al año de ir al cementerio, a poder ser en compañía de chicas para asustarlas con historias de miedo y luego llevarlas al huerto. Es una expresión. No las llevan a ningún huerto. Vale cualquier lugar.
Pablo hace sonar el claxon desde fuera para que Víctor salga.
– Vuelve antes de las dos, ¿quieres? –se despide su madre.
Víctor no cree que esconder los altavoces les lleve demasiado tiempo, así que asiente.
Durante el trayecto al cementerio, Pablo se muestra tan inquieto como él. Presume de los tétricos sonidos que ha descargado y que pondrían los pelos de punta al mismo diablo.
– Pues sí que molan los gemidos –anuncia Víctor.
– ¿Qué gemidos?
Son las cuatro de la tarde y la madre de Víctor está de los nervios. Apunto está de llamarlo al móvil cuando éste entra por la puerta. Trae aspecto cansado, la ropa manchada de tierra y un mordisco bien escondido.
– ¿Dónde has estado? –pregunta su madre con el tono cargado de preocupación.
– Se nos ha hecho tarde. Lo siento.
Su madre que lo conoce como si lo hubiera parido, porque lo parió, sabe que cuando se disculpa es que algo le ocurre, pero también sabe que su hijo es un cabezón y no querrá ni mencionárselo. Se habrá peleado con Pablo, piensa.
– ¿Vas a querer comer?
– No, me voy a la cama.
Víctor, tras ocho horas sin salir ni para ir al baño, sorprende a su madre viendo la televisión. Como supuso, ella brinca del susto.
– ¡La madre del cordero! Que la noche de los muertos es mañana. Anda y quítate eso.zombie-945622_1280

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97 pensamientos en “Una noche antes

  1. La oveja. La madre del cordero es la oveja. Tenia que haber dicho la madre que le pario, que soy yo.
    No juguéis con los muertos que no traen nada bueno y se llevan lo mejor (La vida) Vivid la vida y los muertos dejarlos en los cementerios que es donde deben de estar como cantaba mecano.

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  2. La tal madre, urdió un plan para deshacerse de su “hijito”. La sorpresa fue mayuscula, al ver su fracaso.
    Ella por fin se decidió en su paz, celebrarlo sosegadamente viendo la tele, hasta que descubrió que ahí seguia, y su plan habia fracasado.
    Pobre mujer, otro año será.

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  3. Tu, ríete, estás acabada, pero que tiemble Henar, misifu, y cuantos nombres quieran ponerla, esa si está acabada,
    Ha jugado con fuego, y esto tendrá grandes y prontas consecuencias. Todos los que ha ido matando, que no son pocos, se vengaran muy, muy pronto.

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