Haciendo un trío con el destino

El destino escribió mi nombre con un rotulador en tu pecho. No recuerdo si fue cerca del corazón, aunque tendría sentido y no, porque también sé que eran mis manos las que lo sujetaron y es probable que firmara cerca de tu pezón derecho, mi almohada, donde ahora acostumbro a descansar mi cara, mi cabeza, la cabeza loca que ese día estuvo aturullada por la charanga. Paquito El Chocolatero sería el testigo del destino en aquella peña de sillones roídos con manchas sospechosas, junto a los “colgaos” que vestían de naranja y todos los borrachos perdidos.
No más de cuatro palabras encadenadas y el camino pareció bifurcarse, pero todos los caminos llevan a Roma, o al amoR, si quieres ponerlo al revés, o más bien a la fuente de la fama, la que me esperó para que fuera yo quien la estrenara. Vaya guarrada. Entre renacuajos, sapos, ranas, algas, cosas que no quiero rememorar y agua estancada, entre gritos de niños, de amigos y gente empapada fue cuando dejaste de ser un desconocido.
Las insinuaciones a pocos centímetros llegaron a la noche, después de montar en los coches de choque y cenar unas patatas fritas, mientras unos corrían delante del peligro tras el tercer tiro. No me arrepiento de no haber cedido al impulso, ni de extraviarte en medio del tumulto. No, el destino así lo quiso. Quiso que aparecieras a las ocho de la mañana, tras un sueño reparador en el portal de a saber qué casa. Quiso que tu amigo te abandonara y me acompañaras. Él lo tuvo todo planeado desde el principio. Jugó con nosotros al escondite. ¿Me ves en el remolque de ese camión, a la vez que de nuevo suena la charanga? Pues ya no me ves. Y no me viste hasta que poco faltaba para tu despedida, a la que me invitaste, la que yo chafé, la que chafó el destino, poniéndome ahí para evitar tu marcha, para que conmigo te quedaras.

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134 pensamientos en “Haciendo un trío con el destino

  1. Pingback: Haciendo un trío con el destino – licconsuegra

  2. Voy por la tercera lectura y cada vez lo saboreo más; ya sólo me queda pasar la lengua, saborear a lengüetazos los últimos rincones.
    Y refuerza mi idea de que no sólo eres capaz de dirigir tu destino sino de cambiar el de otras personas.
    Terrible, no terrorífica, mi querida niña.

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  3. Hay algo que si me ha enseñado mi corta vida, con 18 años no se puede tener mucha experiencia claro esta. A lo que íbamos que me pierdo en mis elucubraciones. Si algo me ha enseñado la vida que el que se queda con la chica siempre es el tercero en discordia, no se por que, sera por que se preocupa de emborrachar al amigo, porque le hace llegar siempre tarde y siempre aparece él en el momento justo para consolarla, no se (sigo pensando en ello) otra cosa que jamás he conseguido a sido ligar en una feria, los autos de choque, casetas de tiro, la música estridente no me llaman para el cortejo (Me llamaban mejor dicho)

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