Basado en hechos reales

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Aquí estamos, alrededor de él, contemplando su rostro tranquilo, esperando a que abra los ojos y queriendo tocarlo, pero aguantando porque no queremos que se sobresalte. Hablamos en voz baja, poniéndonos de acuerdo para ver quién le dará la noticia, y finalmente jugándolo a piedra, papel o tijera para no acabar discutiendo. Yo pierdo. Quiero discutir, pero para variar ellos se niegan.
Josi despierta. Ya podía haber aguantado un poco más. Sus ojos tardan unos instantes en acostumbrarse a la claridad. Nos mira, nos remira y luego observa el espeso bosque que nos rodea.
– ¿Dónde estoy?
¿Ni un “hola chicos”?
– ¿Te encuentras bien? –le pregunto tomándolo de la mano.
– No, me duele todo. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?
Es insistente el niño. Y como yo todavía no he encontrado la respuesta correcta, mira a los otros que están callados como putas. Creo que eso le pone más nervioso, si es posible.
– ¡Que alguien me diga algo! –exclama.
– ¿No recuerdas nada?
– ¿Qué tengo que recordar? Salimos de cena, fuimos a una discoteca y…
– ¿Y…?
Si consigo que lo diga él, me ahorraré el mal rato.
– ¡No lo sé!
Está tan confundido como estábamos nosotros al despertar, pero en él hay algo distinto. Y no tarda en percatarse de ello. Se limpia la boca y se mira la mano, ahora roja.
– ¿Qué me pasa? ¿Hemos tenido un accidente? ¿Por qué no llamáis a una ambulancia?
– La ambulancia llegó, Josi, y te llevaron al hospital.
– Pero…
– ¿Voy a tener que explicárselo yo? –interviene Cris.
Parece que sí, porque su cabecita no da para ello, y yo no me veo con fuerzas para decírselo.
– Estamos muertos –le suelta de sopetón.
– ¿Qué? No… No puede ser.
Todos asentimos con cara de circunstancia.
– Nosotros llevamos así tres días –le aclaro.
– No…
– Sí –contestamos al unísono.
Va a llorar. Está a punto.
– ¿Estamos en el cielo? –pregunta con un atisbo de esperanza.
– ¿Te parece que estemos en el cielo? Unos metros más allá es donde nosotros…
Mejor que Cris no le diga que ardimos vivos.
– Un borracho hizo que nos saliéramos de la calzada –le continúo diciendo yo, a ver si con un poco de suerte es capaz de rememorar, pero solo logro que las lágrimas terminen por desbordarse–. Tranquilo, también está aquí con nosotros, en el más allá.
– ¿No habíamos quedado en llamarlo purgatorio? –me interroga Andrea, que había estado todo el rato callada, como está más guapa.
– Estamos en la tierra, pero algo así como en otro plano –gruñe Cris y Josi no para de llorar.
Me toca el turno de tranquilizarle porque los otros siguen peleando por el premio a la cabeza más dura.
– Josi, creemos que no todo está perdido.
No me hace ni puñetero caso, solo trata de quitarse la sangre.
– Josi, si sangras es que estás vivo –insisto.
Aaaah, ahora sí que he llamado su atención…
– ¿Estoy vivo?
Sonríe. ¿O sea que le da igual que nosotros estemos muertos y bien muertos?
– A medias. ¿A medio camino? No sé… Aquí no hay nadie que te explique cómo funciona la no-vida, pero nosotros no sentimos, y es obvio que tú estás dolorido. Creemos que ha habido alguna complicación en el hospital y estás más acá que allá.
Me aprieta más la mano. Si sintiera, ahora me moriría de dolor.
– ¿Puedo volver?
– Eso creemos.
– ¿Cómo?
No tengo la respuesta a todo.
– Aférrate a la vida –dice Andrea que al parecer se ha cansado de darse voces con Cris.
– Qué tontería. Deberíamos llevarlo al hospital y que se meta en su cuerpo. Si yo lo tuviera, lo probaría.
Yo también, a decir verdad, pero no creo que debamos moverlo del sitio. Aquí es donde casi muere al salir despedido por la luna y aquí ha vuelto. Debe de ser como su puerta.
– Tengo frío y sueño –me susurra Josi, ya que los otros vuelven a estar en su papel de ratón y gato.
– ¡No te duermas! –le grito, pero luego recapacito–: O quizás sí deberías… Prueba.
Les pido a los otros que callen y volvemos a contemplarlo hasta que desaparece de nuestra vista como por arte de magia.
Mi razonamiento sigue siendo bueno aun después de muerta. Si te duermes cuando estás vivo pero débil, te mueres. Si te duermes estando muerto… Echo de menos dormir.
Andrea dice lo que los tres pensamos:
– Podía haberse despedido.
– No te preocupes. Tarde o temprano lo volveremos a ver.
Los tres reímos. Es curioso que incluso muertos conservemos el sentido del humor.
– ¿Y ahora qué? –les pregunto porque ya estoy un poco cansada de vagar por el bosque.
– ¿Turismo?
– Yo quiero ir a ver a mi abuela.
– Yo a mi perro –le interrumpe Cris–. ¿Creéis que los animales también vendrán aquí?
– Hablo en serio.
– Y yo…
– Primera parada: la casa de la abuela de Andrea. La segunda parada: la calle donde atropellaron a tu perro. ¿Queda claro? Porque como sigáis juro que os mato.
– Querrás decir que nos resucitas.
Volvemos a reír.

***

Como el título indica, esta historia está basada en hechos reales, a medias la verdad. Si tengo que ser sincera, no hubo accidente, por lo que nadie murió y tampoco hubo bosque. Lo que aquí se relata sucedió en una habitación, pero no me cuadraba. Es una pequeña licencia de cambio de escenario que puede tomarse cualquier escritor. Josi existe, los amigos y yo también. Los diálogos se parecen a lo que recuerdo más o menos… Ha pasado mucho tiempo, pero siempre estará en nuestra memoria la primera vez que Josi se emborrachó, le pintamos los labios (sí, lo que él creía que era sangre) y le gastamos esta broma levemente cruel. Eso sí, sin planearlo.

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57 comentarios en “Basado en hechos reales

  1. Eso sí que es una broma en condiciones. Impresionante relato, Henar, has incluso cambiado esa intensa aversión que tengo desde siempre al “basado en hechos reales”… seguro que la culpa era de esas películas aneuronales de las sobremesas de fin de semana. Recuerdos a Josi.

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  2. llevo dos días que me estoy dando cuenta que soy demasiado confiado y aquellas personas en las que crees confiar te la pueden jugar o directamente te la juegan. En este caso creí que se podía confiar en ti, pero visto lo leído, ojo al dato señores, ojo al dato, mejor no darte la espalda y mucho menos dormirte. 😉
    Buen relato dentro de la tónica a la que ya nos tienes acostumbrado. 🙂

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    • 😀 😀 Más de uno y más de dos habitan en mí. No en vano crecí mordiéndome las uñas con Lovecraft, Poe, Kafka, Sheridan, Bécquer… y tantos otros clásicos que ahora conviven en mi biblioteca junto a todos los libros de King, que aunque hay quien lo pueda denostar a mí me parece que tiene títulos insuperables. No obstante, opino que es un género muy difícil y que se suele caer en lo gore o lo fácil, pero cuando se consigue poner a alguien la carne de gallina… ¡buf! 😉

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