La caja del pasado

Acerco la taza de café que me ha preparado Mariana a la boca y ella me mira. Me observa presuntamente porque la última vez le pregunté si había cambiado la marca.
– ¿Por qué, señor?
– Porque no me sabe igual. ¿No estarás echando matarratas?
– No, señor, yo nunca…
– Bromeaba.
Pero no bromeaba. Toda la bebida y comida tiene un sabor raro, distinto, y que me contemple así, aunque solo se preocupe de sus artes con la cafetera, me hace desconfiar más. Es como si esperara a que me saliera espuma por la boca.
Por suerte llaman al timbre y no tengo que beberlo. Me deshago de él en la planta, que ya está mustia desde que tiré la sopa de la comida.
– Señor, un paquete ha llegado. He pedido que lo dejen en su despacho.
– ¿Una bomba?
– Qué gracioso es usted.
No ha dicho que no, pienso, pero tengo curiosidad. No he pedido nada. ¿El qué, si ya tengo de todo? Me dirijo a la caja con cierto miedo, pero no hace tic-tac y la abro sin pensarlo. Debí contratar un artificiero y que le explotaran a él los recuerdos.
Mis párpados quedan quemados porque no soy capaz de cerrarlos. Miro el cuadro y él me mira. Todos los que salen en la foto me clavan sus ojos, incluso yo me miro. Nos miramos mutuamente esa versión mía, un par de meses más joven, y yo. Me cuesta reconocerme. Quizá a él le pase igual.
– ¿Dónde está la sonrisa, amigo? –me preguntaría si pudiera hablar y le contestaría que en aquel día, en el más feliz de toda mi vida, cuando descubrí que me había tocado la lotería y en el número del que portaba cada año varios décimos.
Las ojeras me acompañan desde aquella celebración. Las cuarenta y ocho horas en el bar, que había debajo de mi antigua casa, dejaron estragos en esa reluciente cara que antes tenía.
– No puedes ni imaginarte la resaca que tendrás –le digo antes de dejar el cuadro en el escritorio y continuar mirando el contenido de aquella caja venida del pasado.
¡Coño! Las llaves de mi coche. ¿Seguirá El Tigre aparcado en el mismo lugar en el que lo dejé? ¿Dónde lo dejé? Seguro que lo han desguazado y ahora vive en otros coches, o peor, como chatarra. Total, no le quedaba mucho de vida.
– DEP Seat León, para mí siempre Tigre, por todas la rozaduras que te hacían de elegantes rayas. Te sustituí por un Mercedes y yo sé que lo entiendes.
El peluche de mi infancia me saluda e interrumpe la emotiva despedida.
– De ti no me había olvidado, aunque te recordaba menos andrajoso.
Don Pato me sonríe sin esa pata que le arranqué el día que discutí por primera vez con mi padre por no dejarme ir al zoo. Si me hubiera dejado ir, habría descubierto que Don Pato era un pelícano.
Trastos, más trastos, y una baraja de cartas sin el as de copas regándolo todo, haciéndome rememorar aquellas tardes de domingo y lo fácil que era entretenerse, cubriendo la medalla del concurso de disfraces y el disfraz que me hizo vencedor. Antes no tenía demasiada vergüenza, tampoco gusto por la ropa. ¿Cómo sería capaz de llevar este jersey? ¿No se me irritaba la piel? Oh, mi camiseta, la camiseta por excelencia en comodidad, la que llevaba siempre que podía hasta que empezó a darse de sí, y entonces ella la tomó como pijama. Me la acerco a la cara para notar su contacto y su olor me inunda. No recordaba que oliera tan bien. No recordaba lo que la extrañaba y necesitaba verla. Tomo la fotografía del bar y ahí está, preciosa y sonriente, rodeada de mis amigos, de mi familia, y ella rodeándome a mí con sus suaves y delicados brazos. Envidio a mi versión pasada. Entiendo por qué sonríe. Se burla de mí y si hablara diría:
– Mira a mi alrededor y dime qué ves.
– Veo que eres un hijo de puta con suerte.
– ¿Y tú no?
– No. Tú tienes lo que cualquiera desea. ¿Y a mí qué me queda?
– Te queda Mariana, pero ¿por cuánto tiempo? Mírala aquí, brindando con una jarra de sangría. ¿No recuerdas que antes era tu vecina? Sí, la que te crió, la que quería coser la pata a Don Pato, la que te quiso como si fueras su hijo. Y ahora le obligas a llamarte señor. Colega, has perdido la cabeza.
– Lo he perdido todo. No tengo nada –digo a la vez que me percato.
– Y tú creyéndote un ganador. Disculpa que me ría, pero me parece surrealista que hasta ahora no te hayas dado cuenta de que el dinero te hizo pobre, te separó de todos, del amor que no puedes comprar, de mí, de ti…
– ¡Calla!
– No puedo hablar.
Pero sí la nota que hay en el fondo, que únicamente dice «que te jodan» con la hermosa caligrafía de ella. Creo que seguiré su consejo.
– El Club de Cupido, ¿en qué puedo ayudarle?
– Hola, Devora.
– Buenas tardes, señor Herrera –me saluda con alegría–. ¿Lo mismo de siempre?
– No, hoy quiero el doble de amor.
– Amor y Pasión van para allá. Les diré que le hagan un tarifa especial.
Cuelgo, me miro y sonrío.
– ¿Con que el amor no se puede comprar? –pregunto.
– Iluso –me respondería antes de salir lanzado por la ventana, poco antes de gritar al hacerse añicos.

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90 pensamientos en “La caja del pasado

  1. Joder, Henar, no sé si darte un abrazo o tirarte por la ventana.
    Como siguiendo la costumbre no me tocará nada en la lotería, te daré un gran abrazo por hacerme sentir muy feliz porque no me toque nada, por hacerme comprender que la mejor lotería, sin duda, eres tú, tu cariño inmenso, incluso tu odio.
    Millones para ti, de abrazos y besos, incluso a mala idea, con un poquito de odio y mucho amor. Enhorabuena! Muack!

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  2. Por un dia, estamos todos de acuerdo? ??????.
    Claro, es que lo importante es la salud, la amistad, el curro, las prisas,.
    Yo también opino como Henar: las penas, con pan, son menos penas 🙂

    Asi que a ser felices con lo que tenemos.

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    • Deimos, por pillarme en estas fechas te lo permito, y porque me alegro de verte.
      También te deseo suerte, que los deseos de paz y amor se me han acabado. Felices fiestas, salida de año y lo que venga.

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  3. Henar-Mar Bel, yo que pensaba que erais adversarias y ahora veo mucho amor entre vosotras; no sé si es el espíritu navideño, la bebida o es táctica de fingimiento en cuyo caso lo hacéis muy bien. Pero oigo maullidos y no veo gato por lo que llego a la conclusión de que hay gato encerrado o se trata de una grabación?

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