La sombra de la injusticia

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Estoy hasta los… Esos que me despellejo cada día en el trabajo. Trabajo con dos cojones. Me esfuerzo un huevo. ¿Y para qué?

Recuerdo a madre:

– Te crees que es muy bonito ser tu propio jefe, pero no es un camino de rosas.

La arpía estaba equivocada. Es un camino de rosas, pero con el tiempo deshojadas, quedando básicamente los tallos con sus muchas espinas.

– Nadie reconocerá tu trabajo –me decía la pájara de mal agüero.

– No necesito reconocimiento –le contestaba con la estupidez de un crío convencido de que el destino le deparaba un papel importante en la historia.

Ahora, aunque está muerta, sigo escuchando sus más usadas frases:

– No eres diferente del resto. No eres especial.

Pues sí, madre, quizás por tu culpa no haya sido el hombre que esperaba. Me decía que las palizas, que dejabas a algunos de tus novios propinarme, me harían más fuerte, y que tus desprecios me acostumbrarían a no ser querido. El poder del autoconvencimiento me ha llevado más lejos de lo que nunca pudiste imaginar. Ojalá pudiera taparte la boca con ello. Quizás me empujaría a seguir unos pasos más. Sin embargo, seguramente acabaría en esta misma intersección del camino, pero con más espinas clavadas en la curtida piel de mis pies.

Y es que estoy hasta la… Esa que ya no se lleva alegrías, que lleva meses sin colarse debajo de una falda y apenas recibe el contacto de mi mano. ¿Cómo pude dejar que mi meta me absorbiera de tal modo? Al principio recibía placer por lo que hacía. La vida era una hermosura de piernas largas. Las horas, que pasaba con las manos en la masa, eran los preliminares que aumentaban el deseo de un culminar. El devastador clímax surgía al mostrar mis obras al mundo.

Esos bellos tiempos no volverán. Me he hartado de engañarme. La competencia me ha hecho darme cuenta de ello. Otra falacia. Mi rival no posee toda la culpa, en realidad se reparte entre las personas de este mundo que no han sabido valorarme, que a fin de cuentas es la mayoría.

¿Qué pollas tiene el superhéroe para que todos lo adoren? No pregunto por si es superdotado, que tendría sentido, y este lo deja patente con el ajustado y ridículo traje de cuero que lleva. Pregunto por qué simpatizan con él cuando el gran porcentaje de la población es tan mezquino como yo. ¿No soportan verse reflejados en mí? ¿Me envidian porque yo tengo los huevos de matar, cuando ellos solo lo desean? Prefieren halagar al hombre enmascarado para sentirse mejores personas. Hasta fingen tener lástima por él.

– Ay, pobre, carga con la responsabilidad de salvar el mundo.

– Ay, ¿y te imaginas lo duro que tiene que ser mantener su identidad en secreto?

Absurda conversación que he tenido que oír esta mañana en el metro.

¿Esas individuas se creen que me gusta ocultarme en buenas acciones? Oh, sí, disfruto muchísimo aportando grandes sumas de dinero a fundaciones benéficas y ONGs. Me encanta recibir las invitaciones a sus pomposas fiestas de recaudación. Mi sonrisa falsa es a causa de un accidente que tuve de niño, no es porque esté apretando los dientes para no escupir lo detestables que son. Aprecio la vida y a la humanidad, y por eso en mi laboratorio se busca la cura para el cáncer, esa maldita enfermedad que se llevó a mi amada y nada odiada madre. La echo tanto de menos que todos los domingos llevo rosas a su tumba. Qué grima me estoy dando, copón.

Nadie es consciente de cuánto me repugno a mí mismo cuando por las mañanas me disfrazo con la camisa y la corbata. Antes lograba desprenderme del asco retrasando la investigación benigna y engañando a mis científicos para que me ayudaran a crear parte de la secuencia del genoma de mis queridos hijos los virus. Me sentía limpio cuando me bañaba en los billetes que gané vendiéndolos. Me recompensaba perder dinero con los desfavorecidos, porque más invertía en amigos del infierno, gente con poder, con la que me sentía cómodo, y de la que podía sacar un gran provecho. Dejé que hicieran experimentos conmigo, que me torturaran, porque no se le podía llamar de otra forma, aunque finalmente diera sus frutos y me convirtieran en un ser superior, en un monstruo capaz de matar con mis propias manos, sin mis agentes infecciosos y microscópicos. Y es lo que hice tras darles las gracias. Me quité mucha mierda de encima cuando aplasté la traquea de madre con dos dedos. Olía bien cuando después de sobornar al forense para que falsificara la autopsia, también sufrió un trágico accidente. Alguien le atropelló la cabeza, mintieron en las noticias, pues fue un pisotón.

Podía mostrarme tal cual soy en las sombras de la noche, ante mis víctimas. Muchos pueblos me conocieron. Muchos conocieron esos innumerables pueblos gracias a mí, por convertirlos en desiertos. Cuántas minutos de morbo di a la televisión. Y ahora solo retransmiten bazofia del justiciero.

– Estamos con uno de los vecinos de este antes hermoso pueblo. Ha detenido su tarea de limpieza para contarnos lo que vio de la encarnizada lucha que anoche, aquí, tuvo lugar.

– Lo que te he dicho antes. No sé si eran las tres de la madrugada cuando mi parienta me despertó a empujones. Que a mí no me quita el sueño profundo ni lo que está pasando, ¿eh?

– Se levantó, ¿y con qué se encontró?

– Me tuve que levantar, sí, que la parienta decía que había escuchado varios disparos. Me asomé a la ventana y lo vi. En medio de la calle estaba la silueta del encapuchado Shadow no sé qué, o como lo llaméis. Juraría que me miró y que en su mirada vi la promesa de que iba a venir a por mí y a por mi familia, pero en ese justo instante llegó nuestro salvador y lo lanzó contra… ¿Ve ese boquete en la pared del ayuntamiento?

Hasta aquí. No estoy dispuesto a escuchar más tonterías. Seguro que nadie cuenta cómo le hice comerse una cagada de vaca. El apalizado, desde que apareció, siempre soy yo, aunque nunca logre vencerme, aunque no siempre pueda encontrarme para evitar que mutile. Manda huevos. Para ser justos deberían decir que estamos empatados, estancados en un bucle interminable, porque no podemos acabar con la vida del otro por mucho que le pongamos empeño.

Somos iguales y a la vez tan distintos… No sé si él habrá pensado en rendirse. Supongo que no, porque una cosa, que nos diferencia, es el intelecto. Toda la rapidez, que tiene en su cuerpo, le falta en el cerebro. Nunca pilla mis chistes. Es tan memo que tardará en descubrir que he encontrado la forma de ganar perdiendo. No conseguiré llevar a cabo el exterminio que me propuse, sin embargo, acabaré con él. Basta con tomarme las vacaciones indefinidas que merezco y salir de escena. Sin mí volverá a ser un donnadie. Con el tiempo lo olvidarán y con su recuerdo se irá la esperanza que representa. No se me ocurre mejor y más sencilla forma de hacer el mal.

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79 pensamientos en “La sombra de la injusticia

  1. Te tengo dicho que no cenes fabada. No es por la indigestión, no. Son los gases tóxicos que emanan de tus intestinos. Tóxicos, mmm, o alucinógenos.
    Esta mañana has aplastado con dos dedos una magdalena. Pipo, el mastín, ha salido corriendo porque le has pisado el rabo y en vez de morderte, animalito, ha huido. Luego has estampado el nenuco de cuando eras pequeñita contra el armario de tu alcoba.
    Lo mejor ha sido al levantarte que tu padre ha oído un nosequé de mis novios: Se le ha caído el Marca de de debajo del brazo. Menos mal que está acostumbrado a tus fantasías.
    En fin, espero que hayas descansado en el insti. Tu profe ha llamado para decir que cada día roncas más fuerte.
    ¡Ay, hija! y a ver si cambias de novio, que ver a este todo vestidito de cuero, me da grima.

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    • ¿Sabes? Te odio. Ni soñar me dejas. ¡Me voy a ir de casa! No lo aguanto más. Pero antes… ¿me harías fabada para el viaje? Sí, porque me voy a ir muy lejos y me voy a llevar a Pipo porque es el único que me quiere. Lo entrenaré para que la próxima vez que te vea ataque sin pensarlo. Ay, no me tires la zapatilla. Solo es otra de mis fantasías, como tú dices.

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    • ¡Mira, niña, en esta casa se va a hacer lo que yo diga!
      En primer lugar, hoy hay para comer magro con setas. Noooo, las setas no son alucinógenas —el magro, eso sí, está algo pasadillo—.
      A Pipo me lo dejas en paz, que es mi único consuelo cuando tu padre tiene turno. O se va a ver a sus amiguitas del polígono.
      ¡Y fantasías aquí ninguna! ¿eh? ¡Fantasías, ninguna!
      Ahora, devuélveme la zapatilla, que es la de frotar la lámpara mágica. Voy a ir cogiendo hora para la peluquería de dragones, que Michu tiene las escamas como muy caídas. Mientras saco la alfombra voladora del garaje, tú vas terminando la tarea.

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    • Manda huevos. A Michu lo llevas a la peluquería y a mí me tiene que cortar el pelo con una navaja papá. Oye, guardas mi oreja, ¿no? Porque ya sé que el Ratoncito Pérez eres tú. La trampa para ratas que pusiste debajo de la almohada me lo confirmó.
      Espero que haya suerte y te atragantes con las setas. Ay, ¿no necesitabas la zapatilla? Pírate ya, que tengo que fregar todo lo que tú ensucias para cuando en encuerado venga a hacerme una visita.

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    • ¡Qué falta de respeto! ¡En mis tiempos iba yo a contestarle así a mi madre! ¡Encuerado dice, y lo he tenido que buscar en el diccionario! —sí, lo admito—
      De mi mano muerta tendrás que coger las zapatillas mágicas. Sí, ya sé que es darte una idea para cambiar las setas o ponerles retoños de bambú.
      Pero, anda, para que luego digas, como te has portado bien con Michu —échate, Michu, échate, y no me quemes la alfombra, bonito; tampoco te cagues todavía, espera que te saco al parque y así puedes jugar con los perritos… y comértelos después—, y no estás celosas de las cosas que hago con Pipo, prepararé hoy coliflor para que tengas sueños alucinantes. Eso sí, si te sale algún buen mozo, me lo dejas un rato. Y no se lo digas a tu padre.

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    • Sé que mataste a la abuela, así que no me vengas con estas. ¿Recuerdas el día que entraste en el baño después de mí? Bueno, pues cuando saliste estabas muy habladora y me contaste cómo la tiraste por las escaleras. Es una lástima que vivamos en un piso, porque no me digas que no sería bonito continuar con la tradición familiar.
      Papaaaaá, ven. ¿Sabes lo que acaba de decir? Se cree que puede ligarse a mis novios. Jajajajaja. ¿Verdad que es para troncharse? No te pases, tampoco la llames vieja decrépita, que solo yo puedo nombrarla así.

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    • La abuela Eustasia era amiga de la Eutanasia. Y de Newton, porque obedecía sus leyes —protestando, eso sí, que una cosa es ser obediente y otra sumiso—, obedecía sus leyes, digo, de forma tajante. Quizá desde este cuarto —piso después del tercero, pero también esta habitación que da a la calle— te apetezca seguir los pasos de tu abuela; los pasos al aire, quiero decir.
      Tú ya sabes que te amo y te aprecio; no podría hacerte lo que a la abuela. Al fin, me provees de machos jóvenes que esta vieja carca se encarga de engañar para pasar un buen rato. Por las buenas o por las malas. Es que los hombres se acojonan en cuanto les pones en claro dos o tres cosas: No se debe amenazar porque responden muy mal a las amenazas, se les debe informar.
      Y si no, mira a tu padre. Y eso que él piensa que se escapa cuando acude al polígono. En lo que no se ha fijado nunca es en que no puede volver a repetir con ninguna. Y no sabe de qué se lleva el bocadillo cada día al turno.
      Me tengo que quitar esa mala costumbre. A lo mejor sería interesante acostarme con alguna antes de despellejarla. Nunca lo he probado.

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    • Gracias por esta sublime lección. Has notado el sarcasmo en mi voz, espero. Lo diría en serio si me enseñaras cómo haces para matarlas y luego hacer ese rico fiambre. ¿Los huesos que le das a pipo también son de ellas? Bueno, que si te las vas a tirar, llámame después del acto, que no quiero acabar más traumatizada de lo que ya estoy, ¿va?

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  2. Uhhhhhmmmm. Tremendo soponcio, al leer la primera parte de tu entrada.
    Tremendo soponcio al leer la segunda parte.
    Realmente, a mi personalmente, me ha llegado la fuerza de todos y cada uno de los sentimientos narrados.
    Te felicito

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    • Es que 1200 palabras dan para mucho, o para un batiburrillo de ideas sobre una vida ficticia. Si he logrado que penséis conmigo, me doy por más que satisfecha. Muchas gracias.
      Feliz día para ti también en la esperanza.

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  3. Vaya mezcla que nos has presentado, es como intentar descifrar un cuadro abstracto.
    Al principio creí que era Jekill y Mr Hide, luego que era Batman contra el Joker, pero no sigo leyendo y aparece el profesor Bacaterio y pasamos luego por el capitán America para pasar a el hombre de las dos caras y acabar por el hombre invisible. es tal macedonia de personajes que no se por donde agarrarlo. 🙂

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  4. La injusticia que se cuela por todos lados…

    A él ni la corbata, ni el titulo pudo hacerle deslastrase de las injustas palabraa de su madre… y hasta ahora le persiguen y hacen miserable.
    Eso que trae le hace compartir a su alrededoe y a mabis llenas, la frustración y aun la inseguridad se saber que todo lo que consideraba injusto de chiquito es su práctica común ahora ee gtande, dinde ya ni tiene a quien culpar sino que es la injusticia propia. .. que ironía en él, que es uno de los que enarbola la bandera de la “justicia” al menos en apariencia.

    Como dice Esperanza por ahí, muchas cosas para pensar.

    “H” estas de vuelta!!!! Y eso es un lujo que quiero aprovechar al máximo.

    Me encanta ademas lo que dices de los super héroes. .. sobre todo porque tu eres de los verdaderos.

    Abrazooooottteeeeee!

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    • Habrás notado que en parte me inspiraste. Tanto hablamos de los héroes que me dije que un villano se merecía un relato. Para ser justa, debo darte las gracias por ponerme a escribir. Lo que haya salido ya es culpa de mi enfermiza creatividad.
      Ponerse en la piel de este personaje no resulta fácil. Quizás por eso he querido darle un motivo por el que ser así. Tal vez he utilizado demasiados datos y sentimientos. Pero ¿sabes? me ha gustado el resultado, y más cuando veo que tú sí me has pillado. Ese sí es un verdadero lujo.

      Superabrazo.

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    • Lujo el leerte mi “H” y aunque a veces no comento al instantes por la falta de electricidad o conexión, estoy bien pendiente de seguirte los pasos.
      Me parecen justos y a la medida los datos y sentimientos de este villano injusto… quizás todos nos sigamos identificados con el, más por el buscar excusas para nuestras propias miserias que por el hacer el mal en sí mismo.
      Súper abrazo recibido!!

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    • Nos seguimos mutuamente porque a veces yo también ando detrás de ti, colocando mis pies en tus pisadas, viendo a dónde me llevan tus pensamientos y grandes sentimientos. No es un lugar tenebroso a pesar de la falta de electricidad. Allí reinan los colores más vivos. Últimamente estoy más liada y visito tu casa menos de lo que me gustaría. Y no es una excusa.

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    • Me imagino que andas ocupadita querida “H” los super héroes siempre tienen muchas cosas que atender. Si colocas tus pies en mis pisadas, encontrarás algo especial por ahí para ti. Cuando yo veo las tuyas .. uff me da un grato placer de poder ir a tu guarida porque derinitigamente me gusta cuando compartes tus pensamientos, que aún resde desde la oscuridad dejan ver el maravilloso ser que hay en ti.

      Abrazo grande!

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