Fue bonito el suspiro, mientras duró

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No temas. Hazlo. Estoy preparada. Llevo tiempo esperando. Desde el principio, viajé a distintos futuros fatalistas y, de los finales que vi, apenas había alguno feliz. Pude haber dejado que no se desarrollara más la historia. Pude, pero no quise porque sabía que, llegado el desenlace, al cerrar los ojos, ante mí no se presentaría mi vida, la tuya, ni podría sonreír al recordar nuestro pasado entremezclado. No quise porque pesa más un kilo de amor, que uno de dolor. ¿Desvarío? Puede ser, pero sé lo que me digo. Es el motivo por el ahora no lloro, por el que luego no seré un alma en pena. Tal vez parezca que imploro indulgencia entre estas confesiones, pero no, no es mi deseo. Lo que quiero es que no dudes porque, si lo pospones, no aseguro que yo no me coloque en tu posición. Eso sí sería un crimen. Así, quizá no sea rea, quizás ninguno de los dos lo seamos permaneciendo en mundos distintos y tan distantes. En la probabilidad, verás que llevo razón, aun habiéndola perdido el día que nos conocimos. Entre tanto desequilibrio, pendemos de una cuerda floja, así que aprieta. Debes apretar el gatillo, pero antes apunta. No vayas a quitarme la oportunidad de convertirme en zombi y vagar gimiendo para ti, como ofrenda. Dame en el corazón que, desde que empecé a hablar, agoniza, pero no exhala el último latido, no estira la vena y, sin embargo, se enreda para aprovechar los últimos segundos contigo antes de que, manchado con mi sangre, marches.

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22 pensamientos en “Fue bonito el suspiro, mientras duró

  1. «No puedo apretar el gatillo. ¿Serás tú mi única víctima que no llegue a serlo?
    »Siempre pensé que os hacía un favor, que os aliviaba del dolor —y, si hace falta, me invento la causa del dolor—, que liberaba vuestra alma romántica, que evitaba posibles futuras penurias a las pusilánimes, que casaba con la muerte a las más morbosas, que ayudaba a conocer el dolor a las investigadoras.
    »Pero nada de eso es para ti. Tú debes padecer entre la vida y la muerte. Es como disfrutas. Y yo no puedo quitarte eso. Quizá lo supe cuando te conocí, cuando tus ojos me miraron y me extrajeron mi secreto antes de lo debido. Sin palabras, sólo una mirada.
    »Ahora, cuando llevo una eternidad apuntando, aún dudo. Por eso sé que lo que te conviene es la ambigüedad. Ni muerta, ni viva. Y vacilo, a pesar de que vacilar haga volver las tornas.
    »Sopeso el arma —¿¡dónde quedaron aquellas de frío metal!? Ésta es de tibia fibra, aséptica cerámica, insulso polímero…— sopeso el arma, digo, y pienso en la Paradoja del Ahorcado. Es la única solución»

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    • Ojú… Incluso después de leerlo por segunda vez, un escalofrío me recorre el cuerpo. Cosa que está bien para engañar al calor, a pesar de la gota de sudor que resbala por mi frente. Espero que llegue al cuello. Es un buen lugar para morir, donde tu mirada parecía perderse, quizá en la ensoñación de querer con tus dientes desgarrarme.

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    • No te creas que porque se lo pongas fácil a un vampiro tiene que ser fácil para mí. Aunque sea un vampiro. Me señalas un cuello, que es apetecible, jugoso, tierno, jugoso —¿me he repetido? será que lo es—. ¡Mira! incluso tiene unos topitos que parecen decir: «Morder por la línea de puntos». Pero cada cual tiene sus problemas alimenticios.
      ¿Acaso no hay fanáticos del pan alérgicos al gluten? ¿Queseros irracionales con intolerancia a la lactosa? ¿Artistas atormentados que no soportan el alcohol?
      ¡Pues yo me mareo cuando veo sangre!
      Sí, lo confieso, sólo me puedo alimentar de morcillas y sangre frita. Y cuando una chica joven y atractiva me invita a morderla acabo con ganas de ir al bricotodo a comprar una estaca de madera y ponérmela en mi ataúd antes de acostarme.

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    • Son pocos los halagos que, como talismanes, guardo :). Y éste será uno de ellos: Por sincero, por contundente y porque me ha gustado, qué narices. Aunque no se lo pueda enseñar a mis hijos hasta pasados unos años. 😉

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  2. Entre el sarcasmo, el dolor y el amor, rescato estas letras que me quedan dando vuelta…

    Entre tanto desequilibrio, pendemos de una cuerda floja así que aprieta.

    Mi querida “H” siempre genial. Ya voy pintando mejor tu cuadro, las letras ya lo revelan a través de tus relatos.

    La muerte que se asoma
    Es la vida que late
    El silencio y su aroma
    Amor que grite y que mate.

    Un abrazo Super “H” y es un placer entrar a cada uno de tus relatos.

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    • ¿También pintora? ¿Hay algo que no sepas hacer? Y dime, ¿en tu cuadro salgo bien? ¿Prefieres que pose rollo Titanic? Sin duda, aunque no estuviera en la barandilla de una barco, pero sí contigo, me sentiría la reina del mundo, sobre todo si me haces poemitas así.
      Muchas gracias, cielo. El placer siempre es mío.

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  3. Pingback: Premios más divertido, más seguidores y más apasionado. | Junior

    • ¿Qué se puede hacer, sino esperar? Y a poder ser con la cabeza bien alta para que no huelan el miedo. Me gusta todo tu comentario, pero especialmente que te hayas sentido identificado.

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