Como te lo escribo

Disculpa. El relato que buscas ya no está disponible…

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166 comentarios en “Como te lo escribo

  1. Comunicamos, en el cuando yo voy, tu ya vuelves sin decirme cuando.
    Comunica el amor con el que marco.
    No da señal lo que tu me entregas.
    Pegados quedaron a la espera,
    desordenados en la memoria,
    pensando no decir verdades,
    deseando escuchar nimiedades
    Encontrados en la calle, pegados de amor, sin mas detalle.

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  2. Vaya tela, no te han enseñado a mecanografiar, mira que hacernos leer unos posi como si no hubiera folios o word, no solo eso si no que me has hecho descargarme todos los posi para poder ampliarlos y leerlos en condiciones y ahora vengo y los has cambiados. Después del trabajito que me has dado, en fin todo sea por lo que es. 🙂

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  3. A lo antiguo mi “H”.. nada de WhatsApp, ni mensaje al manager del Facebook, ni emoticones…. ¡bien! A puño y letra expresando luz desde la oscuridad.
    Yo los pude leer todos!
    Me encanta ver la letra de las personas, porque tal como se retuercen los trazos, se retuercen los pensamientos y lo que expresamos.
    El gana… tú tendrás que gastar toneladas de post it, antes de poder dejar de ser su esclava de noche… y creo que de día también, porque te ocupa en escribir todas estas notas aún cuando no está.

    En cualquier forma de expresión, siempre nuestras los “súper poderes”.

    Un abrazote mi “H”

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    • Mira, nunca había pensado en eso. Creo que es lo que mejor sé hacer: Estar.
      Un estornudo casi imperceptible sacude unas briznas del nido, que una pareja de mirlos ocupa todos los años sobre unas pelarzas que no tengo, sobre mis ojos. Estos ya no pestañean desde que el musgo y las telarañas protegen su humedad. No necesito rascarme la espalda; el tronco del árbol que creció tras de mí me sujeta y me frota en su crecimiento, adquiriendo la forma de mi cuerpo. Entre mis piernas cruzadas caen hojas y agujas que forman un mantillo sobre el que germinan flores todas las primaveras y setas todos los otoños. A través de los espacios interdactilares de mis pies corren, siempre atareados, animánculos buscando qué comer y no ser comidos: Caparazones rosas, negros, rojos, lisos, rayados, con topitos, que se mueven con prisa y falsa eficiencia. De mi ano, como en el sueño de un perverso, entra y sale una escolopendra que ha encontrado un refugio y un lugar de puesta. Un tic nervioso mueve constantemente, una vez por luna, mi oreja izquierda; por eso es posible que el pájaro carpintero se haya mudado a otra parte.
      ¡Ah! Se me olvidaba, esta fantasía onírica es falsa per se, no dejo de ser un mero hombre cojín. Sólo otro más.

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  4. Pingback: Te enamorarás de mí – Flâneur: Historias que caminan sin rumbo

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