Obedecer con gusto

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«Abrázame», «bésame», «acaríciame», «desnúdame», «deja que te desnude y te mire», «túmbate», «permite a mi boca enloquecerte y después intercambiemos papeles», «detente», «ahora fóllame», «más fuerte», «córrete»… Tus órdenes son deseos para mí.

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121 pensamientos en “Obedecer con gusto

    • Te voy a contar un experimento que en su día se hizo con ratas. Se les sometía primero a un estímulo luminoso y después a uno doloroso. Evidentemente, los pobres bichos enseguida aprendían a temer a los estímulos luminosos y corrían desesperadas. A estas estudiantes del sufrimiento se las sacrificó, y se batieron sus cerebros, que se dieron como alimento a otras ratas. Parece ser que estas nuevas ya respondían a los estímulos luminosos con ese conocimiento gástrico testamentario heredado.
      Cada vez que yo pienso «¿por qué no se me ocurrió a mí?» me tengo que acordar de lo que sube el colesterol los sesos para no ingerir el conocimiento ajeno —lo que sería más fácil y sabroso… salteados con sus huevos revueltos, sus setas, y espárragos— en lugar de hacer un largo aprendizaje y entrenamiento.

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    • Sí, claro, en el gimnasio. ¿Dónde podría ser si no?
      —¡Venga chicas!¡Un puntito más!
      La madre que parió al puto monitor metrosexual. Yo estoy asfixiado. Pero no, no sólo por el ejercicio, no. Por supuesto influye, pero…
      —¡Ánimo!¡Seguimos el ritmo!
      No me interrumpas cabrón. Pero, decía, también está que en este puto gimnasio vienen todos en plan pijo y yo con ropita de rebajas, que parecen formar una hermandad hermética y yo no me entero de la misa la mitad…
      —¡Todos de pie para el sprint!
      La mitad… y luego esos culos sabrosos, jugosos, apetecibles y bamboleantes. Esas mamas apenas constreñidas por un poco de lycra que se empeñan en pendulear y a poco esfuerzo, marcar. Esos cuerpos bien cuidados que se mueven rítmicamente…
      —¡Un último esfuerzo!
      De no faltarme la sangre en el cerebro por la excitación y por el esfuerzo, habría ido a matar a ese hijo de puta.
      Ahora es tarde. El síncope me paró por completo. Pero no me compadezcas, no todo es malo: Terminé con la puta bici, estoy rodeado de hembras sudorosas y, lo mejor, la cara de disgusto que se llevará este a su casa hoy sabiendo que alguien ha reventado en su clase.

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    • ¡Por supuesto que es un halago parecerse a Cándido! —pásate por mi humilde blog si tienes un minuto: esta semana está dedicado a él precisamente—.
      Sí, claro que la tenemos hábil: Una vez que la neurona «celebral» se une con la «panzal» y esta a su vez con la «sesual de seso», aunque sólo sea por masa adiposa, algo debería funcionar.

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