Nunca se folla a gusto de todos

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Se sabe que, cerca de las Navidades, no es bueno salir de compras, es decir, no es bueno para la integridad física, ya que pueden aplastarte, sin embargo, sobre todo es perjudicial para la salud mental. Es más que probable que despierte tu lado psicópata y quieras autorregalarte una pistola para asesinar a toda la muchedumbre. En ese punto estoy, cantando una nana para mis adentros, y eso que apenas he rozado las escaleras mecánicas. Lo que no se haga por las amigas…

Sonrío a Nuria que me mira desde un peldaño por encima del mío, creo que con miedo a perderme. Me planteo hacerlo. Siempre he querido que dijeran mi nombre por el megáfono, pero ya no soy una cría, he madurado y tengo que apechugar. Estamos aquí por mi culpa. Debo sufrir mi condena por bocazas. «¿Cómo vas a mojar con esa ropa de abuela? Ya sé cuál será mi regalo de Reina Maga: una mañana con esta Richard Gere». Por favor, que la próxima vez venga Julia Roberts a darme un guantazo antes de volver a mencionar una de sus películas.

– ¿Qué te parece este vestido?

No me responde y me preocupo por si la han secuestrado. No es el caso. Está detrás de mí, moviendo las perchas, pero sin ni siquiera mirar lo que portan.

– ¿Has visto a ese? –me pregunta–. La de cosas que le haría. Le arrancaría esa ropa de pijo que lleva y…

– Ssssssh…

– Eso, le haría callar metiéndole mis tetas en su boca.

– Te ha oído.

– ¿Qué? No.

– Sí, te ha oído. ¿No ves que se ha quedado petrificado?

– Vámonos.

Pero yo no quiero irme. Me está resultando muy divertida la situación.

– Nuria, tendrías que disculparte.

– Ni de coña.

– Pues lo haré yo por ti. ­­–Me coloco delante del galán, mientras que Nuria a sus espaldas no sabe dónde meterse–. Oiga, caballero, ¿ha escuchado a mi amiga? Sí, ya, bueno, perdónela. Es que está que se sale porque nadie le entra. –El gesto de rasgarme el cuello de la que se esconde detrás de un estante de bragas me incita a que me corrija–. Es muy buena niña. Le puedo asegurar que merece la pena conocerla. ¿Quiere? ¿Sí? ¡Que dice que sí!

Cojo la cabeza del nuevo pretendiente, la separo del torso, y la muevo para simular un asentimiento.

La cara de Nuria recupera su color habitual, no tan blanquecino, y se empieza a reír.

­– ¿Vamos a preguntarle a la dependienta que cuánto nos cobra por el maniquí y si lo puede envolver para regalo?

– Te mato.

***

El sudoroso y extenuado Arturo se quita de encima mío y rueda por la cama hasta llegar a la mesilla y, así, tomar el vaso de agua que reposaba en ella.

– ¿Quieres?

– No, gracias.

– ¿No tienes que reponer líquidos?

– ¿Preguntas si me he corrido? –Asiente–. Pues no, la verdad.

– ¿Y eso? ¿No ha estado bien?

– Ha estado bien –miento–. Es que tengo demasiadas cosas en la cabeza. Estoy preocupada.

– ¿Qué ocurre, cari?

Le hablo de Nuria, de lo necesitada que está y de lo impotente que me siento por no poder ayudarla.

– ¿Ha probado a buscar online?

– No le van esos rollos. Es un poco especialita.

– ¿Y por qué no le presentas a alguien? –me sugiere, yendo por el lugar a donde yo quería llegar.

– ¿A quién?

– A algún compañero de trabajo, un amigo, a algún ex, qué sé yo.

– No le lío con uno de mis compañeros ni aunque fuera mi peor enemiga. Mis amigos son los suyos y ninguno vale. Con mis exnovios, no me llevo bien.

– ¿Con ninguno?

Simulo tener una revelación.

– ¡Oye!, ¿qué tal si tú…?

– ¿Estás proponiéndome que fornique con tu amiga?

­– Sí, ¿por qué no? Te prometo que no me voy a enfadar. Tienes mi beneplácito. Muchos tíos quieren tirarse a las amigas de sus novias y tú puedes hacerlo. No puedes decir que no.

– No sé yo…

– Mira, esta es Nuria ­–digo mientras le muestro una foto suya del verano pasado en biquini que guardo en el móvil, sabiendo que así se disiparan sus dudas–. Está buena. Yo, si fuera bisexual o lesbiana, me la follaría sin contemplación.

­– Podríamos hacer un trío.

No es listo ni na’ el amigo, pero no más que yo.

– Quizás en un futuro… Ahora se merece tu todo. Hago esto por ella. Hazlo tú por mí, porfi.

***

El timbre suena y corro a abrir la puerta. Dejo que Arturo y el chupetón de su cuello pasen. Se sienta en el sofá, inquieto y sin hablar.

– ¿Agua?

– Sí, por favor.

En lo que voy a la nevera, tengo que decir:

– Deduzco que ha ido bien la cosa, ¿no?

­– No ha sido una maravilla.

Regreso con él.

– No tienes que edulcorarme el hecho para que no me siente mal. Quiero que me seas sincero.

Se bebe de un trago todo el vaso.

– Tu amiga Nuria es una fiera. Mira cómo me ha dejado la espalda.

– ¡La madre que la parió!

Voy a por agua, esta vez oxigenada. Con un algodón le recorro los arañazos, pero tardaría menos si le echara el bote entero.

­– ¡Ay! ¿Esta es tu venganza? Estás celosa, ¿eh?

– No, ni un poco.

Se pone juguetón.

– Que sepas que no he disfrutado ni la mitad que contigo. –Me va a besar y lo detengo–. ¿Qué pasa? Me dijiste que no te ibas a enfadar.

– No estoy enfadada.

– Sí, lo estás, y no deberías. No ha significado nada. Solo ha sido sexo. Si quieres, podemos recrear lo que he hecho con ella. ¿Qué me dices? ¿Te hace?

Inevitablemente me parto de risa.

– Tú y yo no vamos a volver a tocarnos.

– ¿Qué? ¿Por qué? Joder, que yo solo te quiero a ti y por ti hago lo que sea, hasta acostarme con otra.

– Yo también he hecho esto por ti.

– ¿Eh?

– Por ti, por ella y por mí, si soy totalmente sincera. Nuria consigue un polvo que, a poco, después de tanto tiempo, le habrá parecido la hostia. Yo me libro de ti y de tus artes amatorias ciertamente aburridas, en lugar de dejarte a malas. Y tú puedes pasar página recordando que te follaste a dos el mismo día. Todos ganamos.

Porque pestañea, si no, diría que tengo un maniquí en mi salón. Estaba más guapo quieto y callado que llamándome loca, recogiendo todas sus cosas y gritando que no le extraña que mis ex me odien. Se ve que no hay una forma correcta y caritativa de dejar una relación e intentar conservar el cariño para tornarlo en amistad.

Antes de dar un portazo, Arturo susurra un «que te jodan». Eso espero, porque sí, esta loca también estaba necesitada, pero de un buen amante que sepa usar bien la verga.

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72 comentarios en “Nunca se folla a gusto de todos

  1. ¿Luego me preguntas a mí que si me he tomado algo porque me pongo romántico? ¡Esto es romanticismo del bueno!
    Algún día escribiré algo sobre el amor a los maniquíes que no suene a canción ochentera. Pero no será hoy. Al menos, no ahora. Que tus relatos son como virus que se meten en las neuronas y las alborotan: «Paco, sigue trabajando, no elucubres, céntrate, ya escribirás luego, ahora trabaja, trabaja, trabaja…»

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    • Decididamente te pasa algo. ¿Quieres trabajar? ¿Te ha poseído algún espíritu no español? Franklin, divaga, escribe, deléitanos con tus desbarajustes mentales. Todos estamos deseando leerlo, pero no comentarte lo bueno que nos parece, hablo en general, pero en verdad solo soy yo.

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  2. Que manía le ha entrado a la gente de no estar dos veces con la misma persona… a ver si alguna se da por aludida.

    PD. Te recomiendo el hacha, más aparatoso pero no hace tanto ruido, y si quieres ser sofisticada, una bonita patada a la rodilla con tus botas de punta de hierro, verás como se retuercen de dolor… y una vez que empiezas ya no puedes parar, es algo orgásmico

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