Conocerme íntimamente

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En mi entrepierna crecen unas ganas de abrirme. Me apetece contarte que a los siete años empecé a masturbarme y, aunque tenía miedo de quedarme embarazada, lo seguí haciendo. No es que no tuviera miedo a las consecuencias. Mi padre me enseñó a temerlas. No sé. Supongo que era lo suficiente fuerte para recibir las hostias, pero no lo bastante como para resistirme a las tentaciones. Me gustaba ver a mi vecinito tres años menor que yo bañándose en su piscina de lona en bolas. Era curiosa y nadie me enseñaba. Lo que me escondían tenía que destaparlo. Un día encontré un vibrador en un armario de la casa de un niño del cole y me di un masaje con él en el cuello. Mucho después descubrí que era para consolar otras zonas. Nunca dije nada. Se me daba bien ocultar, bueno, o eso creía. Una buena colección de braguitas con leves manchas marrones acabó guardada en un hueco trasero del bidé. Un día me acordé y no estaban. Para algunas cosas era muy pudorosa. Pudorosa, rara… se puede llamar de muchas formas. Estuve un año duchándome en biquini, en cambio, bailaba sexy delante de las cámaras de seguridad pensando que algún día saldría en la tele. Tenía sueños de grandeza que se marcharon al liar un cigarro con chocolate blanco. La ingenuidad dio paso a la adolescencia. Cambié, pero no tanto. Un amigo me dejó una película porno y se me quedó trabada en el vídeo. Tuve que fingir que habían entrado en la casa. ¿Y solo han robado el aparato reproductor?, me preguntaron. Eso parece, respondí. Mentirosa era, bueno, en unos cuantos casos. Mi primera mamada fue a un primo, primo tercero, se rumoreaba. Tal cogorza llevaba que nunca pude desmentirlo o admitirlo, pues no me acordaba. Puedo echarle mucha culpa al alcohol. Por ejemplo, me enrollaba con el novio de mi mejor amiga, incluso estando ella al lado, cuando no miraba. Regresaba a casa sin saber cómo y, a la mañana siempre buscaba en la cartera para ver si el preservativo seguía en su sitio. Eso cuando volvía. Un día desperté sola en una habitación que no era la mía. Tantos sustos me llevaron a dejar de beber a los diecinueve. Algún día no tendría tanta suerte en cuanto a los desenlaces. Maduré. Me fui a vivir sola. Dormía con un cuchillo debajo de la almohada. Según las intenciones del intruso, lo usaría o no, si quería matarme o violarme, si estaba bueno o no. ¿Cómo podía darme cague y a la vez excitarme la idea? Acabé compartiendo el piso. Por las noches me levantaba y robaba las gominolas al estudiante de intercambio y, aunque me incriminaba con un perfecto castellano, hacía que no lo entendía. En el trabajo dejé que despidieran a un compañero por lo mismo. Era majo, no tanto como para confesar y llevarme las acusaciones del hurto. Para compensarle y no sentirme mal, me acosté con él y aseguré que había sido increíble. Cuando quiso repetir, me inventé la muerte de un familiar. Mi tía ha muerto cinco veces y en el hospital ha estado otras tantas. A veces creo que soy mala persona. Nunca doy dinero a los que piden. No me dan lástima. Si me puedo escaquear, es preferible que ayudar. Me preocupo de mi persona porque siento que nunca nadie ha mirado por mí.

Quiero hablarte de todos estos secretos y más, sin embargo, solo te follo. Es otra forma menos complicada de que puedas conocerme íntimamente.

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77 pensamientos en “Conocerme íntimamente

  1. Me gustaría conocerte íntimamente, pero mirando por ti, porque por lo visto nadie lo ha hecho antes. No sé si será ya tarde para eso, pero creo que nunca es tarde si la dicha es buena. Aunque no siempre lo entiendan los seres humanos. Imagino que este texto es ficción, porque si fuera realidad, creo que es una infancia, adolescencia, juventud, etc. dura para quien la haya vivido. Gracias por compartirlo. Un abrazo.

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    • El personaje, lo mismo, hasta se emocionaría al leer esto. Tampoco sé si sería tarde. Imagino que no. Que siempre te pueden hacer cambiar una sensación, aunque haya perdurado durante mucho tiempo.
      Gracias a ti, Fran, por comentar y pasarte, que a todo esto, eres bien recibido. Abrazos.

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  2. Vaya polémica que has armado. Cuando se trata de la adolescencia, los caminos para descubrir el sexo siempre fue complicado y sin ayuda, más complicado.Lo cierto es que haces de tu exposición, una lectura interesante y como siempre lo haces con fundamente, es imperdible por tu redacción exquisita. Gracias por compartir.

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  3. Hi Hen!
    Tus diferentes disfraces al escribir te han convertido en una camaleona, o en una leonaenlacama, según qué relato de ti te encuentres. Pero bueno, eres reina y te lo puedes permitir. No te escribo más porque estoy hecho unos zorros y me ando desempolvando, pero sigo en pie. Mimi si kusahau.

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  4. Entonces tienes una gran imaginación, y gran capacidad de crear historias con gran desparpajo, y espontaneidad. Admiro tu creatividad, y creo que es una cualidad preciosa. Me alegro que no fuera demasiado tarde porque nunca se sabe cuando pueden llegar determinadas cosas a tu vida. Muchas gracias por tu recibimiento, me siento bien hallado aquí, y espero poder seguir leyendo textos con tanta frescura y talento como los tuyos. Abrazos para ti también y aquí me tienes para lo que necesites. ¡Feliz día!

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    • Tres “gran” y varios cumplidos. Me voy a sonrojar. Ale. Ya lo he hecho.Y, encima, me das las gracias cuando no hay por qué. Qué Fran más simpático. Feliz día a ti también, aunque sea otro.

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    • Me alegro porque lo mismo que tú nos despiertas el interés por leer tus textos maravillosos, lo menos que podríamos hacer es corresponderte. Te doy las gracias porque nos ofreces un escrito que nos hace volar la imaginación, compartes muchas cosas tuyas, y eso tiene gran valor, al menos para mi. No soy simpático, sólo quiero mostrarte el bonito efecto que me produces porque me pareces una persona especial. Gracias porque, aunque no nos conozcamos, has despertado algo en mi, y te aseguro que eso no lo hace cualquiera. Llámalo como quieras, quizá intuición, pero es lo que me dice de ti.
      Vales mucho, y espero que sigas fiel a ti misma. Un abrazo Henar.

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    • ¿Te puedo decir algo? Eres raro de cojones, pero en el buen sentido, ¿eh? De esas personas que a veces aparecen y te sorprenden porque son distintas a lo que se ve en el día a día. Nunca me habían dicho algo así y, por eso, no sé muy bien cómo reaccionar.

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  5. Joder nena! Si aguanté tres tiros en aquella callejuela de mierda puedo soportar cualquier cosa. Claro que estoy vivo, aunque te duela. Sigues siendo la que mejor baila sobre el fino alambre de la ironía y eso me alegra. Guárdate las rosas, pero quiero el veneno de tus espinas. Te eché de menos algunas veces, pero aún quedan tus letras. Y ellas son Tú, inmortal ya reina de picas.

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    • Pues para echarme de menos, bien poco que te has molestado en cumplir tu promesa de terminar cierta historia. A este ritmo se me va a olvidar hasta el rencor que siento hacia ti. No, qué va. Eso quedó grabado a fuego. Sí, ese mismo fuego en el que quise hacerte a la parrilla.

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