Sorpresa

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Buscando sus regalos de cumpleaños, Borja encontró un DVD en el armario de sus padres. ¿Le habían comprado solo una película? Pues vaya. Ya tenía muchas y se merecía otra cosa, algo más impresionante. Se lo había ganado por haberse portado tan bien. Había sido un buen chico, bueno, hasta ese momento, pero sus padres no tenían por qué saber que hurgaría en sus cosas.

Como la niñera estaba hablando por el teléfono con el novio, sabía que, en cuanto le dijera que había terminado los deberes e iba a ver la tele, ella ni se molestaría en acercarse al salón. Se pegó frente a la pantalla y bajó el volumen. No eran dibujos. Genial. Por fin me consideran un chico grande, pensó. Al rato se arrepintió. No estaba preparado para aquello. La desnudez de una mujer lo hacía sentir incómodo, sin embargo, no apartaba la vista y afinaba el oído para escuchar sus gemidos. Tuvo que bajar el volumen cuando se transformaron en gritos a la par que sus espasmos aumentaron.

Así, cariño, muy bien, déjate ir.

¿Era la voz de su padre? ¿Su padre era actor?

— ¡Sí, sí, sí…!

¿Y su madre también? Comprendió entonces que era un vídeo casero, parecido al que tantas veces le habían enseñado, el de la boda, solo que para este tenían motivos para no reproducirlo. Cuando la cámara apuntó a sus caras, pudo advertir que no estaban nada guapos. De sudor estaban cubiertos. La cara de su madre mostraba una extraña mueca, que él creyó que era por el dolor. Su padre sonrió durante un segundo, antes de devolver su atención a ella. No sabía qué hacía con las manos entre las piernas de su madre para que tantos fluidos resbalaran por sus muslos. Las sábanas estaban empapadas. ¿Cómo habían sido capaces de dormir en esa cama con lo que había pasado? Qué asco. No volvería a saltar encima jamás.

No entendía por qué su padre era tan cruel, por qué le hacía pasar por esa tortura y no se detenía al oír los lamentos.

— Ya falta poco —le aseguró, y el niño suspiró aliviado.

Menos mal que había cogido aire, porque lo que vio después le dejó sin respiración. Tuvo que cerrar los ojos y no los abrió hasta que escuchó:

— Cariño, te presento a Borja.

Las llaves en la cerradura lo alertaron y se apresuró a apagar la televisión y devolver el DVD a su lugar.

¿Qué haces aquí, granujilla? —preguntó la madre al descubrirlo en la habitación del matrimonio.

— Nada, ma. Solo estaba… —Se corrigió—: No te voy a mentir, estaba buscando los regalos.

— ¿No podías esperar un día?

— No.

Su madre vio arrepentimiento en sus ojos.

— Anda, ven. —Lo llevó hasta el coche y abrió el maletero—. Elige solo uno. Los otros podrás abrirlos mañana.

Pero Borja se negó. Le dijo que no se los merecía, que los donara a los niños que no tenían padres, cuando de verdad su pensamiento era que ya le habían dado el mejor regalo: su vida, a pesar de que sabían que sufrirían.

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58 pensamientos en “Sorpresa

  1. ¿Ñoño? No, romanticón, pero contundente. Pero contundente, contundente.
    Me ha encantado.
    Eso sí, corres el riesgo de que los papás cebolletas —no sé si las madres se atreverían; creo que para eso nosotros somos más de largar— nos pongamos a contar anécdotas de «pilladas».
    Espero que, al menos, alguna sea divertida.

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