Yo no quería

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No me apetecía mucho salir de fiesta, pero menos aún ver a mi cuñada llorar porque el novio la había dejado. Podía ahogar sus penas en vasos de chupitos por muy pequeños que fueran. Podía emborracharla y acercarla a un tío que le diera el amor que se había desvanecido, aunque fuera esporádico, aunque a la mañana despertara y se arrepintiera. Otros errores ayudan a olvidarse de los anteriores. Y así yo podría volver pronto a mi casa.

Que el camarero le tirara los trastos ya de entrada le subió bastante el ánimo.

 —¿Ves? ¿Ves? Cuñá, si Iván estuviera aquí, se moriría de celos al ver que gusto a otros hombres.

 —Este brindis es por el cabrón.

 —Si es que no sabe lo que se pierde.

 —Yo le quería, ¿sabes?

 —¡Que le jodan!

El alcohol iba haciendo efecto. Todo iba según lo planeado, hasta que dijo:

 —Oye, ¿por qué no bebes?, que no me bebes na’.

Con el pedo que llevaba, me sorprendió que fuera consciente de que no la seguía, que cada dos chupitos suyos, yo pegaba un sorbito del mío.

 —Traga, traga, traga…

Cuando me quise dar cuenta, estaba más borracha que ella. Bailábamos con un grupo de hombres. Ella se estaba enrollando con uno y yo… A mí se me había ido de las manos y me había venido otra. ¿Qué hacía esa mano en mi culo? El cuerpo que seguía a esa mano era… puf. Tenía un polvazo, o dos, o tres, uno tras otro, pero no, no, no, no… Yo tengo novio. Yo soy fiel y más delante de la hermana.

Otro trago hizo que volviera a perder ese extraño momento de lucidez. Mi incontrolable cuerpo se restregaba por el suyo, notando la erección en mi trasero. Lo deseaba, joder, tanto que hasta me planteé arrastrarlo hacia al baño, pero no lo hice, no porque él me dijo de ir a un lugar mejor.

Me agarraba de la cintura para corregir mi zigzagueante paso. Su fuerza me ponía incluso más cachonda, pero me controlé hasta que llegamos a la puerta de su casa. Entonces lo besé. Entramos ya deshaciéndonos de la ropa a lo salvaje, chocando contra los muebles, desatados. No llegamos a la habitación. Yo quería su polla, primero llenando mi boca. Me excitaba en exceso saber que estaba regalando el placer de mi chico a otro. Eso me hacía empujar su glande hasta mi garganta, bañarlo en saliva a la vez que por mis muslos corrían mis fluidos. Quería enloquecerlo con el movimiento frenético de mi cabeza y lo hice. A punto estuvo de correrse en mi boca, pero se detuvo, me hizo levantarme y me empotró, de cara, contra la pared del pasillo. Desde atrás se ensartó en mí. Con cada penetración, yo hacía por no gritar, sin llegar a conseguirlo. Los vecinos debieron de disfrutar del espectáculo, de mis manos golpeando contra su pared y de mis altos gemidos. No sé cómo las piernas soportaron ante los devastadores orgasmos.

Recuerdo que él se corrió dentro de mí y que me encantó sentir su calor, que me llevé las manos a mi dilatado agujero y luego a mi boca para saborearlo, mientras él me contemplaba con la mirada todavía cargada de deseo.

El resto está más borroso si cabe. Entre lagunas, veo dedos pellizcando mis pezones, su cabeza entre mis piernas, mi espalda arqueada… nos veo follar en distintas posturas y sudor, y mis uñas clavándose en su trasero, y extenuación…

Cuando desperté por la mañana en la habitación a oscuras, no me podía creer lo que había hecho. ¿Tan zorra era? La culpabilidad me agarrotaba cada músculo. No podía moverme y no quería. ¿Cómo iba a explicarle a mi novio lo ocurrido? Él preocupado porque no volví a casa por la noche y yo aquí en la cama de otro. Y mierda, se estaba despertando.

Cuando dio la luz, no pude entender.

 —Buenos días, preciosa.

¿Qué carajo…? ¿Cómo demonios había vuelto a casa?

Mi novio me besó en los labios y tuve miedo de que reconociera el sabor de otro en mi boca.

 —Todavía sabes a alcohol. Menuda cogorza te cogiste anoche, ¿eh?

Quería decir algo, quería confesarme, darle una explicación, pero era incapaz.

 —Hace tiempo que no te veía tan desatada.

¿Qué? ¿Vio cómo me tiraba a otro?

 —Me encantó, ¿sabes?

¿Qué? ¿Encima le gustó que le pusiera los cuernos?

 —Puedo sacar fuerzas para repetir, si sigues tan insaciable.

¿En serio? Me sentí estúpida y a la vez tan aliviada… un poco culpable, pero es menos grave si te tiras a tu pareja creyendo que es un desconocido. Es como uno de esos jueguecitos de roles, aunque él no sabía, ni nunca sepa de qué iba la partida.

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8 comentarios en “Yo no quería

  1. Por una vez y sin que sirva de precedente he sabido cual era el final o mejor dicho como continuaba la fiesta antes de leerlo. ¿Será que te estás volviendo previsible? No, no lo creo ha debido de ser un lapsus. 😉

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  2. Es que ,muy bueno es el texto! Creo que en el marco de narración erótica es lo mejor que tu has escrito. ….Otros errores ayudan olvidarse de de los errores anteriores…esa frase la llevo. Besos.

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