Programación interrumpida

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Podría decir que se debe a motivos técnicos, que un terodáctilo se ha estrellado con nuestra antena, que desenchufamos un cable que no debimos para cargar el móvil, que los guionistas se escaparon de sus jaulas, que… Podría contar mil mentiras como acostumbran a hacer en la televisión. Podría y no lo voy a hacer. Me cuelo entre la sección Republishing porque quiero compartir la noticia que me ha llegado a través de Facebook. Sigue leyendo

Y el ganador es…

Anuncié que marchaba por unos días y aquí estoy. Para que veáis lo que vale mi palabra. Nunca os fiéis de mí. Soy volátil e indecisa, y esto provoca repentinos cambios de opinión en mi organismo. Sin embargo, esta vez regreso por un motivo, por uno muy bueno.

No sé si quedará alguien que no sepa que el jueves era la gala de los Premios 20Blogs. Me extrañaría con la brasa que he dado. Por si las moscas y porque me encanta repetirlo, diré que debía asistir por el gran logro de ser una de los finalistas. Sigue leyendo

Qué poquito me gustan las despedidas

¿Y por qué no te vas a tomar por culo sin decir nada?

Pero qué borde eres, jodida voz de mi cabeza.

No puedo irme sin más y dar pie a las especulaciones:

¿Has visto que ya no publica? Pues he oído que, al fin, la encerraron en un psiquiátrico. No creo que consigan curarla.

Imposible. A Henar no la pillan ni loca. Mi primo me ha contado que la policía estaba cerca y decidió fugarse del país. Se sometió a cirugía estética y ahora, además de tener unos morros carnosos, lleva una pequeña organización criminal en México.

Que no, chavales. Estáis equivocados. Resbaló con una caca de un perro y se abrió la cabeza. Descansa en paz y nosotros también ahora que no está. Sigue leyendo

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Vamos ya. Qué apañaos estos duendes que tiene WordPress como esclavos trabajando día y noche, buscando con qué hacer extrañas comparaciones.

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 71.000 veces en 2015. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 3 días para que toda esa gente la visitase.

Me cuesta mucho imaginarme esto como un museo. Si fuera el de los horrores…

Aquí se permite dar gritos. De hecho, los disfrutaré con gusto.

Podéis correr por los pasillos, que no hay seguratas, ni guías petardas.

Los niños son bienvenidos. No hace falta que los atéis a una correa o les pongáis un bozal. Libertad para la parte infantil de cada uno. (Menores de 13 abtenerse. No se aceptarán reclamaciones por traumas.)

Lo mismo para los animales. Sacar zarpas, aullar a la luna, volar, píar, cazar… no debe reprimirse.

No hay que parecer cultos, no hay que parecer nada, excepto vosotros mismos.

Las obras pueden parecer frágiles, pero no. Tocad y comprobad lo maleables que son, y quizá algo pringosas. Se siente, nunca habrá servicio de limpieza. No puedo contratarlo al ser la entrada gratuita. Sí, se acepta la voluntad.

No están prohibidos los teléfonos móviles. Coño, si seguro que muchos nos veis desde él.

Lo único que tenemos en común es que a nosotros también han querido robarnos. Cada día saquean sonrisas los hábiles ladrones de corazones. No creo que nunca recupere la respiración que me quitaron muchos de los que por aquí pasaron. Ellos son mi tienda de regalos.

Y a ellos, a vosotros os debo este informe,  no a los duendes. Siempre gracias por visitarme.

Introducción

Vantage Points(83)

El sábado hizo un año desde que empecé a escribir. No es que antes no supiera juntar las letras para formar una palabra. Aprendí muy pronto a sujetar un lápiz entre mis manos y hacer garabatos. Lo primero que publiqué fue la “V”. ¡Qué orgullosos mis padres cuando la Vieron en la pared bien grande! Pero la culpa la tenían ellos. A Ver, ¿quién deja a un casi bebé Ver la serie de alienígenas que por aquel entonces estaba de moda? Pudieron crearme traumas más graVes, pude acabar comiendo ratones o pudieron darme ganas de conquistar a la humanidad y esclaVizarla. Sí, esto último se cumplió, me dan ganas, pero la teleVisión también me hizo Vaga.
No sé cómo superé mi obsesión por la “V”. Creo que aprendí mi nombre. Todavía quedan pruebas de mi apego de entonces en el patio de mi abuela. Hay tantas “V” y “Henar” que de no saber que fui yo, pensaría que hay alguien muy psicótico detrás de mí buscando venganza y tendría mucho miedo.
Con inicios tan diestros y siniestros en este arte, era de esperar que me convirtiera en un genio, pero no, mi creatividad todavía no estaba desarrollada. Como cosa boba escribía por escribir. Me encantaban los formularios y rellenarlos con lo que la gente me decía. Vamos, que creo que solo era adicta a tener algo alargado entre las manos. Qué mal sonó eso… Solo era adicta a tener cosas inertes y alargadas entre las manos, ¿mejor? Solo era adicta a tener cosas inertes, alargadas y capaces de escribir entre las manos, así. Eso, o tenía la ligera esperanza de hacerme encuestadora.
Esa afición, adicción o problema mental me acompañó hasta la adolescencia, donde me fue muy útil para redactar tantas cartas y dejar constancia de aquellos años en los que por fin tenía una “vida”.

Querido diario:
Hoy ha sido un buen día porque no he ido a clase.

Y el no ir a clase hizo que dejara de escribir.

Nunca me plantee inventar más allá de mi mente hasta hace un año, como ya conté en el principio de mi historia. Supongo que desde antaño, a parte de envejecer, he mejorado bastante, he experimentado, he cambiado, me he reído y he sufrido serios nervios, pero sobre todo, no me he aburrido.

Qué ilusión. He ido al zoo

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Ya me he quitado ese espinita que tenía clavada desde la infancia. Estoy contenta porque lo superé y sobreviví a eso de andar durante todo el día de allá para acá, a duras penas. Estoy orgullosa de mí, aunque el haberme levantado y haber venido hasta el sofá ha sido de lo más doloroso que he sentido en un tiempo.

Dejando mi lamentable estado de salud a parte, diré que no he quedado decepcionada. ¿Esperaba más bichejos? Sí. ¿Algunos me dieron pena? También. Muchos parecían sacados del Palacio Real de Riofrío. Para todo aquel que no sea segoviano ni español, explico que no es una metáfora. Era la residencia de la familia real que usaban para cazar, por lo que hay mucho arte y… animales disecados. Ahí sí que me llevaron mis padres y el colegio para traumatizarme, pero eso ya lo hablaré con el psiquiatra que no tengo.

También había animales que se movían, claro, los que me divirtieron y enseñaron. Lo último es mentira, solo aprendí Ualabí, entre tantos nombres raros. Éste me pareció chulo. ¡Ah, sí! También descubrí porque hacen peluches de osos. Yo creyendo toda la vida que eran peligrosos y que disfrutaban asustando y matando campistas… Cuán equivocada estaba.

En resumen, ha sido una buena experiencia, aunque mis piernas no lo crean. Me lo he pasado muy bien, pero no repetiré, no, no en una larga temporada.

Persona del pasado

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– ¿Y tú qué tal todo? ¿Alguna novedad?
Después de haberme tragado toda su vida, era mi turno.
– Como habrás visto en Facebook escribo en un blog.
– ¿¡Qué me dices!?
Omití el dato de que pasara olímpicamente de todas mis publicaciones. Yo también lo hago con las suyas.
Delante de mí, sacó el móvil y se puso a mirar mi perfil.
– ¿Has escrito todo esto?
Había sorpresa en su cuestión. Vale que no nos vemos mucho y que cuando nos encontramos por la calle siempre hablamos de ella, pero ¿tan sorprendente es que yo escriba?
Y con dos pares se puso a leer uno de los post en voz alta. No me caí bien. Su voz me hacía parecer… ¿odiosa?
– No está mal –dijo al terminar.
¿“No está mal” y “está bien” es lo mismo? Me quité el interrogante de la que cabeza, mientras ella seguía leyendo.
– Oye, si quieres me voy y lo lees tranquila.
Ella era la que debía sentirse observada, pero ahí estaba yo, juzgada. Su cara, inexpresiva por naturaleza, no me decía nada.
– ¿De dónde sacas la imaginación? –me preguntó, ignorando mi anterior comentario.
Mi primera entrevista como escritora… Estupendo… No, no estaba preparada.
– Pues… eeem… Viene.
Chapó.
Por suerte, volviendo a insistir en su interesantísisisima vida cambié de tema. Fue pan comido. Después fingí que me entraba diarrea, dos besos y huí.

Un saludo, guapa.

El hombre de los caramelos

Untitled design(15)En mi pueblo había un hombre, que desde que tengo uso de conciencia, me ofrecía caramelos. Siempre que me veía, que pasaba por el colegio o nos encontrábamos, me asaltaba. Supongo que en aquellos años, los pederastas no estaban a la orden del día.
Lo cierto es que ese hombre me quería. No había podido tener hijos y me mimaba. Eso sonó mal. Mejor expresado sería que me consentía. Nunca me dio mal rollo, hasta que crecí, sí, bueno, hasta que me crecieron los pechos, ya que de estatura tampoco di un gran estirón. Ahí la cosa se puso chunga. Frases que cuando eres niño no resultan extrañas cuando ya eres un adolescente cambian.
– Ese vestido te queda muy bien.
– Madre mía, cuánto has crecido.
– Siempre tan guapa.
– ¿Quieres un caramelo?
¿A cambio de qué?
Pasé de ir a su casa para jugar con sus perros a evitarlo. Su actitud era la misma, pero yo me volví malpensada, tremendista y creída. Así somos muchos a esa edad. Cuando murió, me entristecí. ¿Había sido mala persona?
Hace relativamente poco, tuve que volver al pueblo a pasar más tiempo del normal. Otro hombre me lo recordó. Y me di cuenta de que tampoco había cambiado. Sentí el mismo malestar. ¿Quién sigue ofreciendo caramelos a alguien de veintitantos años? Pueblos…