La curiosidad revive al perro que llevamos dentro

woman-801712_1920Normalmente él no hace estas cosas, no ve a una chica sola en un bar mirando por la ventana, se le acerca, la saluda y le pregunta si puede sentarse en su mesa. Esa forma de ligar murió hace tiempo. Podría pedirle su número de teléfono y luego escribirla, pero no quiere esperar para descubrir qué es lo que tanto le atrae de ella. Por suerte le cede el asiento de enfrente al librarlo de su enorme bolso.

 —¿Qué llevas ahí?  —le pregunta más que nada por entablar conversación. Sigue leyendo

Despedida

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Cuando ya no podía soportar más tu ausencia y el dolor que me provocaba, la encontré a ella, tan fatal como tú, tan atrayente y seductora, y vi la luz. Ahora la miro como te miraba a ti cuando te conocí, de reojo, deshojado, con los ojos verdosos, pero dotados de esperanza, con un deseo que seca los párpados y hace la boca agua, Sigue leyendo

Quiero romperme los huevos al chocar contra ti

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Dimas se despierta descolocado, no solo por la extraña postura que había tomado en la cama, también porque ya no está seguro de lo que ocurre, de si está aquí o está allí, si ha dormido siquiera o si todavía está soñando. La embriaguez, que prevalece desde anoche, no ayuda. No es que lo vea borroso, está demasiado nítido.

Estuvo con los amigotes viendo el partido y celebrando que su equipo había ganado. Llegó a casa a eso de las cuatro de la mañana y, viendo que no iba a alcanzar su destino: su colchón, se dejó caer en el sofá. Sigue leyendo

Sorpresa

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Buscando sus regalos de cumpleaños, Borja encontró un DVD en el armario de sus padres. ¿Le habían comprado solo una película? Pues vaya. Ya tenía muchas y se merecía otra cosa, algo más impresionante. Se lo había ganado por haberse portado tan bien. Había sido un buen chico, bueno, hasta ese momento, pero sus padres no tenían por qué saber que hurgaría en sus cosas.

Como la niñera estaba hablando por el teléfono con el novio, sabía que, en cuanto le dijera que había terminado los deberes e iba a ver la tele, ella ni se molestaría en acercarse al salón. Se pegó frente a la pantalla y bajó el volumen. No eran dibujos. Genial. Por fin me consideran un chico grande, pensó. Al rato se arrepintió. No estaba preparado para aquello. La desnudez de una mujer lo hacía sentir incómodo, sin embargo, no apartaba la vista y afinaba el oído para escuchar sus gemidos. Tuvo que bajar el volumen cuando se transformaron en gritos a la par que sus espasmos aumentaron. Sigue leyendo