Verbos mudos

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Una madrugada de cielo enfadado. Una mujer. Un paseo solitario, excepto por la compañía de sus tristes pensamientos. Vacía la calle. Vacío en su pecho. Un grito de auxilio siempre silenciado, esta vez acallado por un trueno. Lluvia. Sus lágrimas ocultas. Tembloroso el cuerpo. Calados los huesos. El frío desprovisto de importancia. Un camino y una dirección, lejos de su casa. Un paso y otro, y un paso de peatones. En él, un hombre detenido, igual de roto. Una mirada. Un entendimiento. Quizás una conexión. Sigue leyendo

Condicionado

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Con tanto tiempo a nuestras espaldas y, en nuestra mirada, sin vernos, nuestro reencuentro debería ser algo épico, una historia digna de relatar a los nietos que nunca tendremos.

Ninguno de los dos habríamos logrado olvidar cómo juntos descubrimos nuevas sensaciones y sentimientos. Por eso, la noche anterior caeríamos en un insomnio cargado de sueños, remembradas sonrisas y nervios. Horas de impaciencia que culminarían cuando llegara el momento de intercambiar los besos que todavía nos sobran después de todos los que hemos malgastado en amores fracasados.

Algo provocativo, pero no excesivo, me pondría. Vestida de decisión iría al restaurante en el que habríamos quedado. A la puerta, me estaría esperando tan atractivo, tan… como fue, pero más. Un descarado repaso a modo de saludo. Unos comedidos halagos. Su invitación a que pase primero. Sigue leyendo

Lucha interna entre dos

Antes de dejaros con el texto, dejadme presentaros a @evangpoeta, quien me propuso escribir algo en conjunto. No tiene blog, pero siempre que tengáis ganas de leer podéis visitarlo en Instagram. Ahora sí, disfrutad:

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No tengo nada que hacer, no desde que el amor dejó de ser una opción. No voy a luchar, no me voy a enfrentar, porque ya me rendí más de una vez ante él. Fui tras él y regresé con las manos vacías, pero llenas de heridas, que solo otras lenguas pudieron lamer. La mía está partida de mordérmela. La mía ya no es mía; es del silencio de los sin nombres, de los secretos que gritan bajo la cama y me impiden tener sueños. No fantaseo. Me toco por inercia y no pienso. Siento el movimiento que bien conozco y me detengo. Cedo el paso o el testigo a quien cometió el crimen conmigo, ese alguien condenado, fugitivo, que es tan culpable como yo de renunciar a una definición sin sentido.

Henar de Andrés

Mis ojos ya no pueden apreciar lo divino. Las carencias de un sexto sentido invaden las posibles oportunidades; con deseo y miedo a punto de desnudarme. Que las campanas de la iglesia sean un presagio para el delincuente, que dejó mi alma hecha pedazos con solo usar sus dientes. Y mi espalda está rasgada por las uñas del crimen, que poco a poco despojaron de mi cuerpo las caricias de un temible y poderoso héroe, ante tanta corrupción de mis sueños ante el sexo, donde todo era unión. Que las noches no inciertas, dice la canción, algunas rosas no se prestan para la ocasión, pero un diente de león entra por la ventana mientras la cama no tiene acción, con la sábana desordenada… Las caricias no fueron la razón. Y me dije que todo era una convicción, pues la intimidad entre mi cuerpo y su faceta de ladrón me impidió ser la esclava de una gran traición, pues el alma está pegada, con un parte de mi corazón… Pues mi alma fue juzgada por el amor.

Jesús Uzcategui