Espécimen

Vio el anuncio del periódico en el que se necesitaban voluntarios para un experimento y no se lo pensó. Por fin podría hacer algo por la ciencia. De niño soñaba con batas blancas, microscopios, probetas y demás parafernalia, no obstante, por azares del destino o porque no resultó buen estudiante, abandonó aquel sueño. Llamó al número esperando que no fuera un timo. Una mujer contestó, no un contestador, le tomó los datos y lo citó. No le dijo de qué trataba dicho ensayo, pues era alto secreto.
A los tres días se presentó en aquel extraño lugar. Se aseguró varias veces de que fuera la dirección correcta. Lo que tenía delante era una tienda de regalos abandonada hace años seguramente. Los cristales sucios no le permitían ver el interior. Quiso pensar que solo era un tapadera, llamó a la destartalada puerta y ésta se abrió con un chirrido agonizante. Dudó, pues lo que veía no era lo que esperaba, solo había unas estanterías vacías de no ser por la enorme capa de polvo que las cubría. Estornudó y a los dos segundos apareció una mujer con bata azul que le pidió que la acompañara. Eso ya estaba mejor. En la trastienda transformada en sala de espera, todo era reluciente, blanco e impecable. La dama sonriente le hizo firmar un contrato de confidencialidad y después le explicó de qué trataba el estudio. Creían haber encontrado la fórmula de la felicidad. Ya habían hecho felices a ratas y monos, y éste era su siguiente paso. A partir de ahí, no escuchó nada más. Iba a hacer algo importante y, encima, con ello se desharía de su deprimente vida. Cuando se quiso dar cuenta ya estaba tumbado en la camilla en otra sala y le inyectaban líquidos de distintos colores. En una pantalla observaban sus constantes vitales. Empezaba a notarlo, sentía como la tristeza lo abandonaba, como se le dibujaba una sonrisa en la cara. Las caras preocupadas de los científicos no le asustaban. Todo va bien, es perfecto, pensaba, a la vez que el pitido de la máquina se frenaba.

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64 comentarios en “Espécimen

  1. Como se enteren las grandes farmacéuticas que vas por estos lares asustando a sus posibles cobayas….
    Yo que tu miraría los bajos del coche cada mañana.
    Pd: pensaba ir a un centro de donación de esperma para colaborar con la ciencia…. Ya no me atrevo.
    “✨brillante relato✨”

    Le gusta a 1 persona

    • No dejes que mis relatos (experimentos) te asusten. Dona esperma. El mundo se merece pequeños Rosalumas corriendo por las calles. Lo peor que te puede pasar en ese caso, es que te den una revista húmeda.
      Gracias y un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: Pensando en la oscuridad | Historias tras tu DNI

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