La despedida

dx(3)

Sus amigos fueron unos mamones. Les avisó de que no quería una despedida de soltero, sin embargo se encontraba en el maletero de un coche, amordazado, atado de manos y con un saco en la cabeza. La verdad es que hicieron un gran trabajo, casi logrando asustarle cuando aparecieron en su comedor con la careta de unos gatos y simulando un acento ruso.
El coche se detuvo y lo sacaron a rastras, en dirección al prostíbulo o al club de streptease, que estaba demasiado silencioso. Lo ataron a una silla, le quitaron la capucha y la mordaza, y para su horror descubrió que se encontraba en un lugar todavía más tétrico, una fábrica abandonada.
– ¿No podíais haber elegido un sitio más… elegante? –preguntó.
Se miraron los unos a los otros, a través de los agujeros de las ridículas máscaras.
– ¿Tú no entenderr?
– No, no entiendo porque seguís con la broma. Ha tenido gracia, pero mañana trabajo.
– Nyet, nyet, nyet… Tú no irr a trrabajo.
– Sí, yo trabajar o yo despedido –argumentó contagiado por el espíritu de hablar raro.
– Tú mañana poderr estarr muerrto –añadió el líder, sacando un cuchillo y pasándoselo de una mano a otra.
– Ja, ja. Qué gracia. Venga, dejadlo, me estáis asustando.
Una mueca de terror se reflejó en su rostro para corroborarlo. El tipo del cuchillo se acercó y colocó el filo en su garganta.
– ¿Comprenderr ahorra?
No, sí, no, pensó para sí mismo. No puede ser. Son mis amigos, no unos secuestradores. ¿Por qué habrían de secuestrarme o matarme a mí? Soy un Don Nadie, sin nada que valga la pena. Los pocos ahorros que tenía están en la boda y ahora…
Intentó hacérselo ver. Se habían equivocado de hombre, pero solo consiguió sus risas.
Le dieron órdenes de que se estuviera quietecito en lo que ellos tramitaban el rescate y lo dejaron a solas. Aprovechó para despedirse mentalmente de sus auténticos amigos, de su prometida y familia, lloró, recordó buenos momentos y volvió a llorar, intentó serenarse para no parecer una nena temerosa de que le hicieran trocitos, suplicó a cualquier dios que pudiera ofrecerle misericordia, intentó zafarse de los mañosos nudos y gritar sin resultado, terminando por rendirse. Después de varias horas una pequeña parte de él quería que aparecieran y terminaran con su sufrimiento. Se estaba meando y no tenía intención de hacérselo encima, al menos estando vivo. A un muerto no se lo tienen en cuenta o a ellos ya no les importa.
Una mujer rubia, presuntamente rusa, de las que quitan el hipo, hizo su aparición a través de una de las chirriantes y oxidadas puertas y miró a nuestro llorica y encogido amigo.
– No eres el hombre que buscábamos, tenías razón –dijo sin ningún acento ni sentimiento–. Es una pena que ahora tengamos que matarte. Eres muy mono, ¿sabes? Quizás podríamos llegar a un acuerdo. ¿Quieres?
La rubia se acercó hasta él y rozó con su mano la contrariada cara del prometido. No podía estar insinuando lo que él creía.
– ¿Qué acuerdo? –masculló a través de la mordaza.
Sí, era lo que pensaba. Se sentó en su regazo, le quitó la mordaza y lo besó.
– Tendrás que poner un poco más de empeño si quieres vivir otro día.
– No puedo. Voy a casarme.
Además de que con el susto que tenía encima y la presión, su mástil no erguía por mucho manoseo que recibía, solo logrando que la mujer se enfadara y abandonara su inútil intento.
– ¡¡Chicos!! Venid y acabad el trabajo.
– Espera.
Tarde. Los cinco secuaces hicieron su aparición todavía con las caretas. Uno de ellos llevaba una pistola y lo apuntó. El condenado cerró los ojos, esperando oír el disparo que no llegó. Solo se escuchaban carcajadas, esas risas tan familiares que solo podían pertenecer a sus amigos.
– Hijos de la gran…

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63 comentarios en “La despedida

  1. Es que donde hay confianza… Y ese “No puedo. Voy a casarme” es de lo más enternecerdor, a no ser que el hecho de casarse le quite las ganas de seguir viviendo y por eso no ponga todo el empeño que se le requiere.
    Feliz día, Henar.

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  2. Si tenia alguna duda al respecto, me acabas de disuadir.
    No me casarse. Mis amigos no me parecen tan mamones, pero nunca llegas a conocer de verdad, de lo que es capaz la gente!!!!!!

    Precioso relato, me has tenido intrigada, hasta la última palabra.
    Chapeau

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  3. Un buen chico, la verdad, porque ese “no puedo, voy a casarme” todavía no se lo he escuchado a nadie, y ya voy teniendo una edad… ¿Dónde quedaron aquellos tiempos en los que metías a tu amigo borracho en un tren, sin dinero, con la camiseta del Barça en dirección a Madrid, sólo con el billete de ida? Se está perdiendo romanticismo, y es culpa de Magaluf y toda esa pamplina…
    Ah, muy buen relato, Henar. Da gusto leerte, siempre.

    Le gusta a 1 persona

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