La tradición familiar

Me daba la sensación de no ser, de no estar allí, como un fantasma, pero a mí me veían. Todos me miraban con cara de lástima y eso me enfurecía. Me lo guardaba, igual que me tragaba todos los sentimientos que me embargaban al escuchar a la tía Juani hablando de la última conversación que tuvo con ella.
– Prométeme que cuidarás de mis hijos, me dijo apenas sin voz –susurraba al corrillo que se había formado en torno a ella–. Ya sabía que le quedaba poco tiempo y me dejó a mí la más importante de las tareas. Yo quería decirle que no, que ya estaría ella para cuidarlos, pero no tenía el valor de mentirla. Es su última voluntad y la voy a cumplir –añadía muy digna.
La tía Juani y ella nunca se habían llevado bien. Yo no la conocí hasta el día que le dimos la noticia de que la enfermedad estaba ganando la batalla. Parece que decidió que, fuera lo que fuera lo que las había mantenido separadas, debía perdonarlo o quizá se dio cuenta de que había perdido demasiado tiempo entre resentimientos. En cualquier caso ese mismo día se presentó en casa, se nos presentó y no se separó.
Sabía que debía agradecerle la enorme ayuda que nos había ofrecido, pero lo único que deseaba es que fuera ella quien ocupara el ataúd, porque los muertos no hablan. ¿Por qué no se callaba? Ni siquiera sabía lo que decía. No la conocía. No sabía cómo era antes, la hermosa sonrisa que tenía y la energía que desprendía antes de que empezara a apagarse.
Pensaba en salir a fumar un cigarro, quizá así me calmase. Ni dos pasos di antes de que me pararan.
– Te acompaño en el sentimiento.
Miré a mi vecino intentando discernir si estaba tan furioso como yo y pude ver claramente que no.
No dije nada. No podía repetir ni una sola vez más “gracias”. No estaba agradecido. No voy a repetir el estado en el que me encontraba. Quería un cigarro. Logré salir al porche ignorando a todos y, allí, respirando aire puro, inundé mis pulmones con humo impuro, sentado en el columpio, en nuestro lugar favorito.
– A mamá no le gustaba que fumaras.
– Mamá ya no está.
Lorenzo se sentó a mi lado, poniendo cara de asco cuando el viento arrastraba hilos blancos desde mi mano a su cara.
– ¿Y qué va a pasar ahora?
Ahora lo mandaba a la mierda, pensaba, ya que lo que más deseaba era estar solo.
– Me voy.
Fue decirlo y darme cuenta de que no quería volver a estar en la casa de mi infancia. Ya no era mi hogar, no sin ella. No quería recordar la última noche que, en ese mismo punto, hace tanto, juntos habíamos contemplado las estrellas. La única solución que veía era marchar lejos.
– ¿Cómo que te vas? ¿A dónde? Yo iré contigo.
– No, tú te quedarás con la tía Juani. Ella cuidará de ti.
– ¿Y a ti quién te cuidará?
Yo no necesitaba que nadie me cuidara. Estaba en la flor de la vida, con los dieciocho años casi recién estrenados. Le intenté hacer ver que debía salir al mundo, en lugar de quedarme allí y recibir las caras de pena de todo el pueblo. Ya lo había vivido. Él no se acordaba. Él era demasiado pequeño cuando murió nuestro padre. No sabía lo que tardé en superarlo. Fue el peor año de mi vida y no estaba dispuesto a rememorarlo. Discutimos y discutimos hasta que la tía Juani salió a ver a qué se debía tal alboroto.
– Que dice que se va.
Lorenzo siempre fue un chivato.
– ¿Y a dónde te crees que vas a ir? No, no… Yo le prometí a tu madre que te cuidaría y no dejaré que cometas el mismo error que ella.
Sabía que no era el momento, ni el lugar, así que guardé silencio, de nuevo tragándome mis sentimientos. Creyeron que habían ganado y me habían hecho cambiar de idea. Se tuvieron que llevar una gran sorpresa al descubrir que por la noche me había largado con una pequeña maleta.
wheelchair-567810_1280Ahora me doy cuenta de la suerte que tuve de que esa noche casi me atropellara un coche. Suerte porque conocí a la mujer más temeraria al volante, la que se convertiría en la mujer más importante de mi vida, sin olvidar a mi madre. Fue el primer amor y el único, a pesar de lo mucho que la engañé. Hace dos años tuvo un accidente y murió creyendo que quedaría solo. Solo he estado desde entonces, poco a poco acercándome a la muerte, intentando hacer que lo que le dije fuera cierto. No llamaré a Lorenzo, ni ahora que estoy en esta cama de hospital. No quiero que la historia se repita. Solo deseo y espero que así la tradición familiar muera conmigo.

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94 pensamientos en “La tradición familiar

  1. Tradiciones o traiciones, En las familias se dan ambas cosas, aunque este es más un caso de tradición errónea. El que un miembro sufra una desgracia no quiere decir que todos los demás vayan a sufrir la misma. (En este caso morir de manera drástica y joven) “Aunque hoy es un mal día para morir” ¿Donde he oído yo esto antes? No se da igual. ya no hay edades para ello.

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  2. Hola Henar, eres tú? ????
    Cambio de rumbo?. Nueva faceta, lo sabía, detrás de Henar, está Henar humana y sensible.
    No te preocupes, hasta Mendel, con sus leyes, corrobora, que esa sucesión genética, no se da en todas las cepas de la misma generación. Aún asi, genial, tu entrada.

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  3. Ay mis ancestros y esa tendencia a la repetición… será tan así o podremos escapar, de ese karma…? … esas “lealtades invisibles” que se transmiten inconscientemente en los genes y van transcurriendo, de generación en generación… parecen como fracturas del alma…
    Te paso una frase de Francoise Dolto: “Lo que se calla en la primera generación, la segunda lo lleva en el cuerpo…”

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    • La historia tiende a repetirse. Somos la pescadilla que se muerde la cola. Pero yo espero que sí podamos luchar contra ello.
      No conocía esa frase. Va genial con lo que quería transmitir.

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